Más vale tarde que nunca.

Más vale tarde que nunca.

Al encuentro del amor: Más vale tarde que nunca.
Empezando por mi, todos tenemos una lista de cosas a las que hemos renunciado de una u otra forma. En mi han sido producto de muchos factores, pero el resultado claro es el tener inquietudes que no he perseguido, muchas no necesariamente me han traído sufrimiento, pero si las veo como oportunidades para sentir plenitud.

 

Recuerdo que con mucha claridad, desde muy pequeño supe que quería ser escritor. Pero la vida me fue haciéndome olvidarme de este sueño. Las razones por las que debía suceder, fueron cada vez más fuertes, y terminé renunciando a ello. Aunque claro, como podrás comprobar, regresé a las andadas.

 

A mi, me detuvo el hecho de no ser popular, de que nadie me ayudara, de que preferí irme por la fácil, por citar algunas de las razones, en la que alguna vez olvidé mis sueños. Como este que me apasiona.

 

Pero quizás lo que más me derrotaba, era que yo quería tener un libro, ser publicado y reconocido por ese libro. Aunque no lo había escrito, me proyectaba a la idea de que me deberían reconocer por el, es decir me estaba yendo directo a la “Recompensa” o resultado y no al camino que había que recorrer. Lo cual al no pasar me detuvo.

 

Por si fuera poco, mi tendencia al perfeccionismo hacían que los requisitos para que buenamente me sintiera listo para escribir, fueran muchos. Al ser ese perfeccionismo, algo administrado por mi ego, muchas de las cosas eran imposibles de superar.

 

Gracias a la causalidad, apareció un libro de Steven Pressfield, llamado “La guerra del arte”, en el, habla de la resistencia para hacer lo que tienes que hacer. Y enumera las formas en las que la resistencia se puede presentar. En mi caso el no sentirme listo, era lo que más me detenía. En ese momento fue donde decidí dar todos los días pasos firmes hacia lo que quiero.

 

Además decidí renunciar al resultado, si publico un libro que bueno. Pero si no se llega a dar, me voy a divertir en el camino de intentarlo. Así que hice un compromiso conmigo mismo, escribir todos los días. Ese es el paso más firme que he podido dar hacia mi sueño, y además me divierte enormemente hacerlo.

 

Así como paso con la escritura, poco a poco he ido retomando cosas que algún día aspire hacer. Nunca es tarde. A pesar que el ego nos quiere decir que el tiempo pasó. Y si bien las circunstancias puede ser que si lo hayan hecho, siempre hay alguna forma de seguir, esa necesidad espiritual de hacer lo que te entusiasma.

 

Solo de pensar en las posibilidades infinitas de las cosas que puedo hacer, me siento completamente vivo. Todo ocurre en el tiempo perfecto, es lo único que hay que saber. Primero necesitamos hacer nuestra parte, para que el universo haga el resto.

 

Así de fácil, mientras haya vida, habrá oportunidad, de hacer lo que anhelas hacer.

 

Namasté.

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