De miedos y otros bloqueos.

De miedos y otros bloqueos.

De miedos y otros bloqueos.
Me encantaría poder presumir que siempre he sido una persona optimista, pero la realidad es que no. Incluso hoy en día, aún conociendo lo importante de serlo, tiendo a enfocarme justo en lo contrario. El riesgo de hacerlo, puede ser muy grande, por eso hay que entender cómo reenfocarnos cuando nos distraemos de serlo.

 

Debo decir, que el tiempo que fui pesimista, me permitió experimentar el otro lado, y valorar la habilidad de poder verle el lado positivo a cualquier circunstancia. De hecho, he de aclarar, que ser optimista en mi humilde opinión, es esperar el mejor escenario posible, pero con los pies en la tierra.

 

El pesimismo, es una de total renuncia a la fe. Lo que implica en la práctica, que el miedo es el que domina tu vida, y sobretodo tu visión. Lo que impide, en primera instancia ver las bendiciones que hay a tu alrededor, pero sobretodo, te bloquea te ver las oportunidades y las soluciones que cada experiencia presenta.

 

Ligado a la falta de esperanza, esta la sensación de no merecer. Esto es una situación grave, pues implica cerrarse a recibir tanto ayuda como soluciones. Lo que hace que el universo no pueda hacerte sentir su respaldo.

 

Hace cierto tiempo, me toco verme inmiscuido en una situación muy complicada, que tenía yo que resolver. Recuerdo que al principio sentí una enorme negación, la cual provenía de tener miedo de no poder arreglar las cosas. Pero conforme fui confiando, en qué puedo manejar cualquier situación que se me presente, las soluciones empezaron a salir, o dicho de mejor forma, los milagros se hicieron presentes.

 

El miedo suele ser muy convincente. Nos hace creer que no somos capaces, que no somos adecuados o que estamos condenados y debemos resignarnos a sufrir. Pero cuando realmente nos vemos al espejo, nos podemos dar cuenta de que somos mucho, pero mucho más de lo que nosotros mismos creemos.

 

Pero necesitamos salir de nuestro caparazón de seguridad. Necesitamos romperlo y descubrir de lo que somos capaces. Debemos tener presente que la única forma de aprender a caminar, es cayéndonos unas cuantas veces, pero en nuestro interior está la confianza de que lo haremos.

 

Es por eso, que cuando aparece un miedo, es momento de trabajar la confianza en uno mismo. Lo que he vivido en mi experiencia personal, es que lo que más complica una situación retadora, es el temor de aceptarla y analizarla. Pero eso no es más que darnos por vencidos antes de conocer a lo que nos enfrentamos.

 

Cuando más miedo tenemos, es por qué nos hemos desconectado de nuestro espíritu. Lo cual no es ni malo ni bueno, es solo parte del proceso. Pero al detectarnos, es un buen momento para recordar que somos seres espirituales viviendo una experiencia terrenal, y que con solo pedirlo tenemos a todo el universo con nosotros.

 

Solo el amor, extingue al miedo.

 

Namaste.

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