El precio que he tenido que pagar.

El precio que he tenido que pagar.

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La inseguridad, ha sido sin una una maestra espiritual que me ha acompañado a lo largo de mi vida. Sus afectaciones han sido constantes, a pesar de que la manera de manejarlas puede ser fácil, pero al no poderlo hacer, he tenido que vivir una serie de consecuencias por mis propias decisiones. Las cuales me han traído vivencias, aprendizajes pero sobretodo sufrimiento.

Como sucede, con muchas de las cosas que uno vive sin desearlas, he maldecido, me he resistido y me he negado a aceptarlas. Ahí es donde aveces me he sentido culpable, y muy lejos de asumir el hecho de ser responsable. La culpabilidad me ha alejado de mi poder personal.

Hay días, en los que esta inseguridad o desconfianza, me hace sentir totalmente desolado, e incluso me convence de que no soy bueno para nada. ¡Si! increíble pero cierto. Cuando le permito a esa voz que me hable, me termina convenciendo y me termina tirando al suelo.

Estarse cayendo y levantando puede parecer muy heroico, digno de reconocimiento. Pues siempre me levanto, y soy muy persistente. Pero hoy en día veo que no es necesario el desgaste energético que conlleva permitirme a mi mismo meterme el pie.

Lo que tengo que hacer es confiar un poco más en mi. Sobretodo tener paciencia, pues a la primera que las cosas no salen como yo quisiera, permito que mi ego me diga: “ves te dije que no eras bueno para eso”.  La duda es quizás el mayor represor del poder personal.

Pero resulta, que mi luz, o mis capacidades personales, dicho de otra manera, siempre están ahí esperando surgir y brotar. Esperando pacientemente a que de una vez por todas, deje de escuchar mis sombras y me decida sin temor a brillar. Lo cual he estado haciendo, poco a poco evitándome caer, y aprendiendo a tener un poco más de equilibrio.

No cabe duda, que la voz de la inseguridad y la desconfianza siempre estarán en mi, mientras este vivo por que es cuestión del ego que todos tenemos. Lo que necesito es aprender y entrenarme a solo escuchar la voz de la confianza y la fe. Estoy cansado de sentirme algunos días sin ánimos ni ganas, lo cual es señal de que la desconfianza se ha apoderado de mi.

Cuando me detecto de esta manera, lo único que hago es algo simple, observo y acepto como me siento, y defino como es que me gustaría sentirme. Normalmente respondo, feliz, con energía, con ganas, confiado y busco enfocarme en recuerdos, posibilidades o pensamientos que me evoquen esas emociones positivas. En cuestión de poco tiempo, se producen en mi muchos de estos cambios, y es como si el sol saliera después de un día nublado.

La luz y la oscuridad son parte de nosotros, y es cuestión de donde ponemos nuestras energías lo que en realidad puede hacer que el resultado sea uno u otro.

Namaste.

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