Lo más fácil no siempre es lo mejor.

Lo más fácil no siempre es lo mejor.

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Uno de mis más grandes vicios, es el de ser demasiado practico, o creer que lo soy. Esto en español, significa que muchas veces dejo de involucrar a otros para hacer cosas. Según yo, para no complicar, con el pequeño asunto que hago las cosas solo, sin nadie más. Lo que en realidad tiene más desventajas que nada. Además, que estoy dejando a un lado, quizás lo más importante en nuestras relaciones.

 

He sentido que aunque estoy en teoría, es lo más práctico. La verdad es que me termina haciendo sentir solo. Pues estoy siendo muy eficiente a la hora de hacer las cosas que hay que hacer, pero no estoy involucrando a nadie.

 

Aún no se bien, por qué tiendo a hacer eso. Pero creo que en parte es porque me corre muy seguido la prisa de que no me va alcanzar el tiempo, o que otras personas lo harían diferente, o que no van a salir las cosas como yo quiero, o incluso que lo demás no estén de acuerdo de mis planes y me los cambien.

 

La cuestión está, es que realmente una de las cosas más jugosas en esta vida, es la de relacionarnos con los demás. Todas mi razones anteriores, denotan en mí, una enorme impaciencia e incomprensión hacia los demás. Lo cual, obvio es un reflejo de mi interior.

 

Poco a poco, he ido intentado tener mayor paciencia, abrirme a todo tipo de experiencias, pero sobre todo a descubrir que lo que yo creo que es lo más fácil, no necesariamente es lo mejor. Pues cuando involucramos a otras personas, todo se enriquece.

 

Claro, eso requiere ser compasivo y flexible, pero a la larga, quitándome de expectativas y preocupaciones, me hace sentir mucho mejor.

 

No sobra hablar, que son muchas las situaciones de la vida, en las que podemos elegir irnos por la fácil, el cual no necesariamente es el mejor camino. Obvio, tampoco estoy diciendo que haya que complicarnos la vida. Sino que realmente debemos evaluar las cosas, en base a nuestro crecimiento personal, y sobre todo a que es lo que nos trae en verdad felicidad.

 

El mejor camino siempre va a ser el que nos llene de gozo, o al menos, nos mantenga en paz interior, pues no siempre las cosas nos harán feliz, pero la medida de lo adecuado, está en nuestro interior. Si nos mantenemos en paz, es que habremos tomado la decisión correcta.

 

Las decisiones se toman mucho más fácil, cuando las decidimos desde la intención de que pasen para el más alto bien, de todos los involucrados.

 

Namaste.

 

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Para que pasan cosas “malas”.

Para que pasan cosas “malas”.

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La aceptación es una de los actos espirituales más profundos que uno puede hacer. Pero hay muchas cosas en esta vida, que realmente son difíciles de aceptar, o incluso de entender cómo es que Dios, siendo amor, las permite. Lograr entender este hecho, es algo que sin duda nos permite poder vivir en una verdadera comunión con la vida.

Para poder entender por qué pasan las cosas, hay que recordar porque estamos en esta vida: para aprender. Sin duda la mejor forma de hacerlo, es a través de la experiencia.

Es justo por eso, para generar una experiencia, el por qué pasan las cosas más dolorosas y tristes en este mundo. La mejor analogía es lo que pasa con los niños, puedes decirles que les puede pasar algo, incluso lo pueden hasta saber, pero no es hasta que les pasa en realidad, que lo entienden.

Cada persona, tiene un plan divino, una razón para estar aquí. Es justo esa razón la que determina qué tipo de experiencias les toca vivir. Al final, aunque parezca duro de creer, todo, no es más que una travesía para encontrar el amor más profundo que hay en todo.

También hay que recordar, que al alma, no le pasa nada. Por muy duras que las experiencias puedan ser, esta permanece intacta. Solo entendiendo, de una u otra forma la razón espiritual, por las que pasan las cosas, es cómo podemos aceptarlas.

Yo sufría por todas las “injusticias” que veía en el mundo. Las hacía mías, y me negaba a entender que Dios siendo todo bondad, permitiría que nos pasaran cosas. La realidad, es que Dios es amor, tan es así, que nos permite vivir las experiencias que necesitamos a nivel de nuestra alma. A esto se le conoce libre albedrío.

Pero si vemos con los ojos del cuerpo, las cosas se ven imposibles. Solo cuando entendemos las razones divinas, es como podemos entender que todo lo que pasa es perfecto. Aun cuando las cosas se ven exageradamente dramáticas, en el fondo todo pasa para bien a nivel espiritual.

Ahí es donde los que logran empezar a integrar su espiritualidad a su vida diaria, empiezan a vivir de una manera diferente, pues al aceptar tus experiencias, y aceptas tu aprendizaje, hace que puedas ser feliz, sea como sea.

El amor está en todas nuestras experiencias, solo necesitamos permitirnos sentirlo.

Namaste.

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Algo a considerar con respecto a la Salud.

Algo a considerar con respecto a la Salud.

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A lo largo de mi vida, he vivido distintas afectaciones a mi salud, las cuales junto con lo que he ido aprendiendo en el camino, me han permitido entender algunos de los principales factores que nos afectan nuestro estado de salud.

Debo decir que sanamos a través de las enfermedades. De hecho no hay nada de malo en ellas, es un camino de experimentar las experiencias que nos tocan. Incluso mientras más mal veamos el tema de enfermarse más propicios somos a enfermarnos. Cada enfermedad es una señal de algo que nos toca aprender, o algo que nos está afectando.

Mi más grande síntoma, por mucho tiempo fue la garganta. Iba al doctor, me daba medicinas, sanaba, para que posteriormente volviera a caer. No fue hasta que me atreví a explorar el origen emocional, que producía la afectación a mi garganta, que realmente logre sanarme a mi mismo. Lo que descubrí fue que era incapaz de expresar mi enojo, lo que hacía que hubiera una energía que se atoraba en mi garganta, el centro de expresión.

En el momento que lo reconocí, empecé junto con pegado a aceptar el reto de expresar mis opiniones y sentimientos más asertivamente, fue entonces cuando las molestias de la garganta se fueron, espero yo, para siempre.

Puedo presumir, que desde que encontré la manera de escuchar los mensajes que me envía mi cuerpo, mi salud se ha mantenido prácticamente en perfecto estado. Aun cuando han habido momentos en los que empiezo a sentir síntomas, o incluso sufro pequeños accidentes, ahí me doy el tiempo para meditar, calmar mi mente y ponerme en disposición de escuchar el mensaje que dichos síntomas me envían.

El cuerpo es un gran guía espiritual. Al permitirme escucharlo, voy encontrando dónde está lo que tengo que trabajar en el momento para mantener mi estado de salud. Muchas veces estos retos espirituales se tornan interesantes, pero la salud es la mejor brújula de que vamos por buen camino.

Louise Hay, es quizás la que mejor da una base al respecto, en su libro, tú puedes sanar tu vida. Ahí podemos reconocer como somos responsables de nuestra propia salud, es algo que depende de nosotros, y está en nuestro poder personal elegir como queremos vivir las experiencias que nos tocan.

La salud es uno de los grandes retos espirituales, pero creo que es quizás el que más lo valga.

Namasté.

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Aveces la realidad marea.

Aveces la realidad marea.

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Constantemente me encuentro en una situación con respecto a mis emociones, me marean a tal grado que empiezo a ver como si todo estuviera de cabeza, aunque no fuese así. En esas ocasiones, no me queda más que aceptar las cosas, y hacer algo para que en verdad pueda sobrellevar la situación.

 

Lo que hago es relativamente simple, escucho y siento mi emoción. Entonces dimensiono todo. Algo detonó lo que me hace pensar que todo está para llorar. Ahí es donde un poco de inteligencia emocional aplica, me observo alterado y con eso busco cuidar actuar sin que mi estado afecte mis acciones.

 

También suelo ir a la raíz de lo que genera la emoción, aunque eso requiere un poco más la habilidad de consultar con tu interior. Me ayudó mucho tener maestros que me ayudaron mediante la meditación a encontrar el origen emocional de mi sentir. Eso fue lo que me ha permitido tener cierta facilidad para encontrar la raíz de lo que detona todo.

 

Siempre, siempre hay un miedo a algo. A mí me ha servido mucho identificar mi miedo, para poder no solo liberarlo sino ser compasivo conmigo mismo.

 

Pero por otro lado, la inteligencia radica en poder separar los hechos de las percepciones. Cuando siento que todo en mi trabajo está mal, empiezo a analizar en realidad como están las cosas, obvio jamás esta tan mal como mis emociones me hacen sentir. Entonces me empiezo a auto convencer de cómo están las cosas en realidad.

 

De hecho me ha pasado, que  me siento terrible como si todo estuviera mal, cuando realmente las cosas están caminando de maravilla. Es justo ahí donde es importante detectarme y detenerme. Lo más valioso que he podido entender, es que tengo la capacidad de redirigir mis emociones.

 

Así que me permito escuchar mis emociones, ya que al sentirlas, puedo ser capaz de regresar las aguas a su nivel. La verdad, es que las emociones están ahí para ser nuestras guías, puede ser intenso, pero cuando estas fluyen no hay nada más pleno que vivir con la consciencia de ellas.

 

Son muchas cosas del exterior, que pueden detonar toda la gama de emociones. Pero a su vez, esta en nuestro interior la capacidad para hacerlas fluir y crecer gracias a ellas.

 

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Una dañina reacción normal.

Una dañina reacción normal.

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Si hay algo que puedo presumir, es que soy un gran represor de mi enojo. La verdad es que es muy difícil verme enojado. Pero eso no solo no significa que no suceda esa emoción en mí, sino que en realidad sucede y me hace actuar de maneras que lo expresan sin que yo me dé cuenta.

A esto se le llama ser una persona agresiva pasiva. Creo que es una de las formas de manejar el enojo más fuertes, al no estar conscientes de ellas. Pero, sucede que la energía de una emoción tiende fluir, lo que hace que nuestro comportamiento sea influenciado con el enojo. Los resultados desgraciadamente no terminan siendo positivos.

El enojo es una emoción normal, la cual hay que permitirnos sentir. No solo para hacerla fluir, sino que está también nos ayuda a protegernos a nosotros mismos. Pero necesitamos usar nuestra razón y conducir la emoción de forma positiva y amorosa.

Manejar correctamente el enojo, implica lograr que este nos traiga algo positivo.

Al principio cuando no sabía que hacer con mi enojo, la culpa se apoderaba de mí, en todos los destinos. Si me enojaba, me sentía culpable por perder el control, si no me enojaba, me sentía culpable por dejarme, así que no había una consecuencia con la que me sintiera a gusto.

La creencia común del enojo es la de pensar que debemos hacer pagar a otros por los platos rotos. Desgraciadamente, eso no es amoroso, y al final lo sabemos pues no logramos sentirnos en paz interior. ¡Si! es muy tentador querer hacer que alguien pague las facturas, pero no saldrá nada constructivo de eso.

Así que hay que aprender a expresar el enojo. A mí me sirve calmarme para no desbordarme. Pues cuando estoy muy enojado -lo cual ya me permito estar- probablemente no solo no veré las cosas objetivamente, sino que además mis acciones seguramente me generarán un daño directo o indirecto. El ego es el que estará controlando mis acciones.

En cambio sí me calmo y busco que las cosas sean para el más alto bien de todos los involucrados, es mucho más fácil que las cosas salgan de lo mejor. Al final podemos saber que tan bien nos fue, según la paz interior que experimentemos.

A mí me ha servido enormidades entender algo muy sencillo, yo no soy el juez y el verdugo de las acciones de nadie. Eso le queda al karma. Pues al final toda acción trae una reacción. La decisión está en cómo queremos vivir sin en paz interior o lejos de ella.

Nuestras experiencias vienen de a que parte de nuestro ser escuchamos, la amorosa o la temerosa.

Namaste.

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El poder de aceptarse a uno mismo.

El poder de aceptarse a uno mismo.

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Actualmente me encuentro fascinado, ya que encontré un libro que aborda de una manera maravillosa, el tema de la paternidad desde una perspectiva espiritual. Lo cual no es fácil de lograr cuando se trata de ser padre, pero más allá de escribir de eso -lo haré próximamente-, quiero escribir algo que muchos hemos vivido como hijos, lo cual nos ha hecho sufrir y nos puede llevar a liberarnos y reencontrarnos con el amor.

La mayoría de las personas, se convierten en padres, y lo hacen con la mejor intención, procurando hacerlo lo mejor posible, mas sin embargo el resultado es que muchos de los hijos terminamos actuando buscando algo, que no podemos encontrar, pues entre que no lo entendimos, y no nos lo supieron hacer entender, terminamos en dolor y sufrimiento, al buscar lo que no había que encontrar.

Lo peor, es que mientras alguien no se dé cuenta, estos patrones son transmitidos de generación en generación. El amor incondicional, es lo único que en realidad puede romper este patrón. Este es un derecho divino que tenemos todos, que se traduce en que hagamos lo que hagamos somos amados y valorados.

Esta aseveración, es algo que puede llegar a costar entender. Porque muchos hemos entendido que el amor se tiene que ganar de una u otra forma, con éxito, dinero, popularidad, por citar algunas cosas. Pero todo esto en realidad no nos llevan al destino. En el fondo lo que estamos buscando es ser aceptados, para ser amados.

Es algo que se da por sentado, que deberíamos saber que somos amados tal cual somos, que somos perfectos, pero la mayoría de nosotros, no tuvo las circunstancias adecuadas para sentir esta verdad. Esta razón es una aprendizaje espiritual que la mayoría compartimos.

La búsqueda de aceptación es algo que me ha hecho sufrir enormemente, pues cada vez que no lograba ser bueno, popular o exitoso sentía que todo se me derrumbaba, todo porque pensaba que estaba fracasando en lo que tenía que hacer para ser aceptado.

He tenido que aprender a quitar los condicionamientos a amarme. Haga lo que haga, en especial cuando las cosas no salen como yo espero. He visto que me siento mucho más pleno cuando lo hago de esa manera, sin ningún tipo de condición.

Curiosamente he descubierto que el amor a uno mismo es algo natural, no hay que forzar nada y fluye si lo dejamos. Creo que lo hemos olvidado, para encontrar una razón para aprender a través de la experiencia. En nuestro camino de descubrimiento personal, nos reencontramos con el amor.

Aceptarme, es amarme, y hacerlo es bendecirme.

Namaste.

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Hay heridas que nunca sanan.

Hay heridas que nunca sanan.

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Las cicatrices emocionales, son el pan de nuestro de todos los días. Pues al igual que las físicas, estas permanecen con nosotros, recordándonos que hubo una herida ahí, la cual seguramente nos trajo una lección, y nos ha hecho ser quienes somos. Pero lo interesante se pone, donde hay heridas que no cicatrizan, o que su tiempo para sanar es mucho más largo que otras.

En particular la herida más grande que he experimentado recientemente, es justo una, que provino de dar mucho y al final no recibir nada. El tiempo ha pasado, y aún siento que el vacío no se llena, lo que hace por ende, que la herida no se cierre.

Por un lado me consuelo, con el hecho de que la lección la estoy asimilando tan profundo, como para que no se me olvide el aprendizaje de no intentar sembrar en tierra árida, pues el resultado siempre va a ser desgaste. Más sin embargo, creo que en este caso también el tiempo es el único que me puede terminar de sanar.

Es justo el tiempo, algo que debemos valorar, para cuidar que la energía no se deba sembrar en donde no vale la pena, pues tarda en regenerarse. Eso es normal, y he tenido que asumir la responsabilidad de mis actos. Con amor me ido sanando y poco a poco recuperando mi estado normal.

Pero aún hay cosas que me duelen, lo han hecho ya por muchos años. Creo que son heridas que tienen una razón sagrada de estar ahí, quizás solo sanaran cuando mi vida cierre. Pero les he encontrado la bendición, me ayudan a crecer y a no desviarme.

Yo les llamo “heridas de vida”, las cuales no son otra cosa que las circunstancias que me tocaron vivir y que me han marcado. Ha dependido de mí, transformarlas en algo que me sirva y me deje de hacer sufrir. Puede ser que me generen aún dolor, pero me hacen fuerte.

Creo que es la mejor forma de sanarlas, usándolas como trampolín, confiando en que se transformaran y servirán para algo para mi más alto bien.

Al final no me queda duda, que todo es una oportunidad para amar.

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