No hay por que disculparse.

No hay por que disculparse.

He solido ser una persona a mi entender no solo educada, sino conciliadora y evitando en todo momento cualquier tipo de conflicto. Esto me ha hecho muchas veces pedir disculpas, aunque no tuviera yo por que, con tal de evitar problemas. La cuestión es que al final, el que terminaba afectado no era nadie más que yo, e incluso mi felicidad estaba de por medio.

Por otro lado, también me ha tocado trabajar con personas, que piden disculpas por cada error que creen haber cometido. Sobretodo cuando las emociones surgen, saliéndose estas de lo considerado como adecuado. Lo cual denota de una otra manera una falta de compasión hacia si mismos. El verdadero perdón, no viene de los demás sino de uno mismo.

Hemos sido educados a no aceptar las distintas gamas de nuestras emociones, lo que nos hace sentirnos avergonzados cuando estas surgen.

Una de mis más grandes liberaciones emocionales, fue el día en el que de una vez por todas decidí perdonarme, y aceptarme tal cual soy. Eso me hizo empezar a ser compasivo, pudiendo ser libre de sentirme que estaba traicionando a todo el mundo. Me sentía culpable de todo lo que pasara al mi alrededor.

Esa sensación, viene del famoso ego. Demuestra una enorme desconexión con lo divino. Pues todo lo que pasa es perfecto, y tiene un propósito sagrado. Aún nuestros más grandes errores, pasan por que tenían que pasar. Así de contundente.

Al irme aceptando, me he dado cuenta que ya no me disculpo con los demás por cualquier cosa. Por mucho tiempo, pensé que era una molestia y que estorbaba. Mi autoestima estaba por los suelos. Me disculpaba justo en la búsqueda de aceptación o evitando ser rechazado.  El lugar desde el que lo hacía era el miedo, mas no el amor.

Curiosamente, esto me ha llevado a ser mucho más responsable de mis acciones. Ya no me disculpo a la ligera, asumo lo que me corresponde, sin cargar el peso de la culpa, ni tampoco un efecto en mi autoestima. He entendido que mi valor personal, no se mide por mis aciertos o errores, sino por la calidad de mi corazón.

Solo en la medida que me he aceptado, pero sobretodo reconocido como perfecto, sin importar lo que yo haga o deje de hacer. Es como en verdad he podido encontrar en mi, lo valioso de mi ser. Ya no me tengo que disculpar por existir, sino agradecer por que estoy aquí para experimentar amor.

Soy valioso, igual que tu, todos somos importantes.

Namasté.

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No es fácil, pero es mejor.

No es fácil, pero es mejor.

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Hablar con la verdad, es para mí, una de las cosas más difíciles del universo. Pues al querer hacerlo, aparecen muchos miedos, que me hacen que se me haga muy difícil. Pero por otro lado, no hablar las cosas, trae enormes desventajas. Así que siempre va a convenir asumir este gran reto espiritual, y hablar con claridad.

Por un lado, esta hablar la verdad hacia los demás, pero la verdad es que para poder hacerlo, primero hay que estar consciente de ella. Fue imposible expresar mis sentimientos y opiniones, por qué durante mucho tiempo, no los registraba. Era como si no existieran.

Ya ni vale la pena analizar si era por que bloqueaba mis emociones o por alguna otra razón. Lo que es un hecho, es que no estaba claro de lo que quería y sentía. Así que no podía expresar mi verdad.

Eso me llevo a ceder, más inconsciente que conscientemente.

Otra razón importante que me impedía expresar mis opiniones, era el miedo al rechazo. No sé por qué, me convencí de que si no opinaba lo mismo que los demás, iba a ser rechazado. Pero esto está totalmente alejado de la verdad. Obvio hay formas, y no a todos les puede gustar lo que yo digo o expreso. Pero no hay mejor camino que ser fiel a uno mismo.

También he experimentado, mucho conflicto cuando quiero manifestar una inconformidad o terminar algún acuerdo. Sin darme cuenta, muchas veces el miedo a que las cosas salgan mal, se apodera de mí. Pero la realidad, es que cuando expreso las cosas desde el corazón, las cosas caminan y resuelven de la mejor manera para ambas partes.

Definitivamente no es fácil decir la verdad. Pero la verdad es que cuando no lo hago, una intranquilidad normalmente inconsciente se apodera invariablemente de mí. Sé que me he alejado del amor.

Por el contrario, cuando hablo con la verdad, me siento mucho más tranquilo. Ese es el camino.

Me he topado con gente que percibo que claramente no está diciendo la verdad, lo cual a veces me molesta. Pero luego entiendo y logro ser compasivo, al entender que es algún miedo lo que les está haciendo actuar. Eso no significa que tenga que ignorar la situación, solo que no gano nada cargando algún tipo de rencor.

Lo mejor, es hablar con la verdad, para hacerlo solo hay que permitir que el amor sea el que dicte las palabras y nuestras acciones.

Namaste.

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La ventaja de hacerlo.

La ventaja de hacerlo.

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Conozco a muchas personas, en las que me siento incluido, para las cuales asumir la responsabilidad, es algo que les aterra. Esto hace que se evite a toda costa, con la gran consecuencia de no poder lograr casi nada en esta vida. Ya que para lograr nuestros sueños, así como la vida que nos merecemos, necesitamos asumir la responsabilidad.

 

A mí me ha costado enormemente entender que todo depende de mí. Bueno al menos, me refiero a mi manera de sentir. Está en mí, el poder decidir cómo quiero sentirme ante las circunstancias que vivo en mi vida, pero eso requiere saber que la responsabilidad depende de mí y de nada nadie más.

 

Por mucho tiempo creí que no debía asumirla, pues si me equivocaba o algo salía mal, iban a haber consecuencias negativas, refiriéndome a un castigo. Quizás esto venga de una asociación con mi infancia, donde portarse mal o equivocarse era igual a castigo. Pero la realidad, es que ser responsable es asumir las consecuencias, hacerlo de manera positiva, implica tomar los aprendizajes.

 

Incluso este pavor al compromiso, es derivado de ese miedo a fallar, a no poder. Pero suele volverse enormemente grande. Sobre todo cuando de alguna manera sé que soy bueno para algo. He visto que mi ego me ha hecho creer que donde más posibilidades tengo que hacer bien las cosas, más riesgo hay de que las cosas salgan mal. ¡Cuando es todo lo contrario!

 

Lo que pasa es que, por su puesto que es mayor la responsabilidad, eso sí. Así que he tenido que ir aprendiendo a ser responsable, y dejar de reprocharme si algo sale distinto a lo que quería. Pues el único que realmente se estaba autocastigando, era yo mismo. Mi juez interior (ego) me ha hecho creer que me merezco ser castigado por fallar, y que todo se va al caño cuando así ocurre.

 

Eso no es más que una barrera para lograr una vida plena. Es normal fallar, es parte del proceso. La responsabilidad no es otra cosa más que asumir las consecuencias y con ellas el aprendizaje. Las personas que lo hacen, son las que en realidad gozan de grandes beneficios.

 

Claro que he tenido que enfrentar mi miedo, dándome cuenta que no pasa nada cuando las cosas salen distinto a lo que quiero, aprovechando el aprendizaje que surge ante estas circunstancias. Eso es lo que hace crecer, lo que fortalece mi poder personal.

 

Si hay algo que estoy seguro, aunque me aterra, es que soy capaz de aprender y de lograr mis sueños. Solo tengo que confiar.

 

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Aveces la realidad marea.

Aveces la realidad marea.

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Constantemente me encuentro en una situación con respecto a mis emociones, me marean a tal grado que empiezo a ver como si todo estuviera de cabeza, aunque no fuese así. En esas ocasiones, no me queda más que aceptar las cosas, y hacer algo para que en verdad pueda sobrellevar la situación.

 

Lo que hago es relativamente simple, escucho y siento mi emoción. Entonces dimensiono todo. Algo detonó lo que me hace pensar que todo está para llorar. Ahí es donde un poco de inteligencia emocional aplica, me observo alterado y con eso busco cuidar actuar sin que mi estado afecte mis acciones.

 

También suelo ir a la raíz de lo que genera la emoción, aunque eso requiere un poco más la habilidad de consultar con tu interior. Me ayudó mucho tener maestros que me ayudaron mediante la meditación a encontrar el origen emocional de mi sentir. Eso fue lo que me ha permitido tener cierta facilidad para encontrar la raíz de lo que detona todo.

 

Siempre, siempre hay un miedo a algo. A mí me ha servido mucho identificar mi miedo, para poder no solo liberarlo sino ser compasivo conmigo mismo.

 

Pero por otro lado, la inteligencia radica en poder separar los hechos de las percepciones. Cuando siento que todo en mi trabajo está mal, empiezo a analizar en realidad como están las cosas, obvio jamás esta tan mal como mis emociones me hacen sentir. Entonces me empiezo a auto convencer de cómo están las cosas en realidad.

 

De hecho me ha pasado, que  me siento terrible como si todo estuviera mal, cuando realmente las cosas están caminando de maravilla. Es justo ahí donde es importante detectarme y detenerme. Lo más valioso que he podido entender, es que tengo la capacidad de redirigir mis emociones.

 

Así que me permito escuchar mis emociones, ya que al sentirlas, puedo ser capaz de regresar las aguas a su nivel. La verdad, es que las emociones están ahí para ser nuestras guías, puede ser intenso, pero cuando estas fluyen no hay nada más pleno que vivir con la consciencia de ellas.

 

Son muchas cosas del exterior, que pueden detonar toda la gama de emociones. Pero a su vez, esta en nuestro interior la capacidad para hacerlas fluir y crecer gracias a ellas.

 

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La ilusa necesidad de ser competitivo/a.

La ilusa necesidad de ser competitivo/a.

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La competitividad es algo creo que todos los seres humanos vivimos, pues creemos que la necesitamos para ser feliz, pero la realidad es que es todo lo contrario. Sucede que esa necesidad de ser el mejor, bueno o perfecto, no son más que actitudes subjetivas que vienen del ego, lo cual casi siempre, nos aleja del amor.

 

Somos muchos los que hemos creído que nos necesitamos ganar el amor. En un nivel subconsciente empezamos en nuestra propia familia creyendo que teníamos que ganarnos el amor de nuestros papás, y probablemente sentimos que nuestros hermanos eran competencia de ese amor o incluso que nos lo podían quitar.

 

Esa creencia nos llevó a creer que necesitamos ser mejor que los demás para sobresalir, incluso los demás de repente se pudieron convertir en una falsa amenaza para nuestra felicidad, y es entonces donde después de haber logrado ser el mejor o no, nos vemos forzados a descubrir si en realidad eso nos está acercando o alejando del objetivo. A lo cual, seguramente terminemos descubriendo que es una búsqueda incesante que jamás llega a un fin.

 

Si llegamos a ser el mejor, necesitaremos volverlo a ser, porque no es permanente. Cuando lo dejamos de ser, probablemente sintamos un enorme vacío por dejar de serlo. Si no lo hemos logrado, nos sentiremos derrotados o esperanzados de lograrlo y así poder de una vez por todas sentirnos completos.

 

Pero en realidad esta es una tremenda búsqueda infructuosa. En el fondo lo que estamos buscando es sentirnos amados, aceptados, reconocidos. El detalle está, en que esa necesidad solo se satisface en el interior.

 

La necesidad de ser competitivo viene desde el miedo de no ser suficiente, de no ser merecedor del amor. En cambio la excelencia de ser la mejor versión de nosotros viene del amor, y está libre de expectativas.

 

Ser competitivo condiciona nuestra felicidad, a un evento futuro. Mientras que ser amoroso, nos acepta en el momento presente, eso es en realidad lo único que nos puede hacer sentir plenos. La vida es abundante, hay para todos, y todos tenemos el derecho divino de expresar nuestro verdadero ser, lo cual es plenamente respaldado por el universo.

 

La decisión está entre elegir el pensamiento limitante que viene del miedo, o elegir el pensamiento abundante que viene de lo infinito del universo.

 

Namaste.

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El poder de decidir ( o de no hacerlo)

El poder de decidir ( o de no hacerlo)

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¡Si! Han habido épocas en mi vida, en las que no he tenido ni idea de las cosas que quiero. Así que esta indefinición me ha traído una enorme oportunidad de aprender sobre la importancia de tomar decisiones, las consecuencias de no hacerlo, pero sobretodo lo indispensable que resulta saber lo que uno quiere.

Como he escrito en otras ocasiones, mi perfeccionismo casi siempre me ha matado a la hora de tomar decisiones, ya que quiero tomar la mejor decisión de todas, haciendo que no tome ninguna decisión, por miedo a regarla.

Ahí he entendido algo muy importante, no tomar una decisión, es en si tomar una decisión. De hecho quizás sea la peor, pues se toma a la deriva. En mi humilde experiencia, es mejor tomar una decisión equivocada, que no hacerlo.

Aún equivocándome aprendo, o simplemente encuentro que haber tomado esa decisión no era lo que yo esperaba, por lo que algo habré aprendido y me servirá para tomar de mejor manera la decisión. Claro, tengo que hacer a un lado lo que mi ego me dice sobre que es malo equivocarse, cuando la realidad es, que lo único que es malo es no aprender.

También muchas son las cosas que llegan a mi vida, cuando no me doy el tiempo en saber que quiero. Es complejo determinar toda las razones por las que puedo caer no saberlo. Va desde estar bloqueado en mi fe, hasta no detenerme para preguntarme que es lo que quiero.

Esto es sumamente importante, pues es lo que determina -según la ley de la atracción- las experiencias que voy a tener. Si no determino con claridad lo que quiero, estaré aleatoriamente viviendo las situaciones que buena mente surjan.

Me ha ayudado mucho, cuando no sé con claridad que quiero, definir lo que no quiero, no para tenerlo en mente, pues lo que uno no quiere justamente atrae eso, pero si ayuda para tener claridad mediante lo eliminación de lo si. También, la meditación es una gran manera de obtener claridad de lo que queremos y es mejor para cada quien.

El tomar decisiones -nos guste o no- es usar y asumir nuestro poder personal, es lo que va determinando las experiencias que vivimos. Es tomar la responsabilidad de nuestra vida, y cuando se hace con el corazón todo es perfecto, y todo es seguro.

Aprender a seguir tu intuición es la base para tomar buenas decisiones, pero la tranquilidad viene de confiar en que siempre todo esta bien.

Namaste.

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El camino para brillar.

El camino para brillar.

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El miedo es parte de la naturaleza animal, y como humanos la tenemos completamente. Lo más interesante es que para nosotros resulta ser algo bastante complejo. El otro día haciendo justo una detección de mis miedos, para liberar la tensión que había estado sintiendo, descubrí que el miedo que me estaba afectando, no era el de la superficie, sino uno más profundo.

Sin duda, los miedos tienen una finalidad clara. Hacernos crecer. Aunque se nos olvida. O incluso no lo entendemos. Y por si fuera poco, les huimos. De hecho, llevaba días evitando observarme y escarbar para identificar que era lo que me estaba afectando, lo que acarreaba más y más miedo.

El miedo que más me estaba afectando, debajo del temer dudas sobre el futuro, es saber de que soy capaz. La simple cuestión de plantearme, y ¿si todas los miedos de no ser suficiente, eran falsos, y siempre he sido capaz? ¡Uff! Lo escribo, y me dan ganas de llorar de nuevo. El miedo a hacer lo que venimos a hacer, es el más grande de todos.

Volvemos subjetivo lo que simplemente es objetivo, vemos más grande las cosas, de lo que realmente son. Hasta perdemos nuestra identidad, y finalmente, nuestra confianza.

He visto y conozco muchas personas maravillosas, que se les mete el miedo, lo que les lleva a tener una falta de confianza en si mismos. Como alguien que ha padecido de esto, puedo decir que es espantoso, y deprimente. Lo peor es, que no le hacemos bien a nadie minimizándonos. Por el contrario.

A diferencia de los planetas que necesitan de la luz de alguien más para brillar, nosotros somos estrellas, cuyo destino es el de brillar por cuenta propia. Pero cuando permitimos que el miedo se apodere de nosotros, nos convertimos en planetas a la sombra y dependencia de alguien o algo más.

Hasta donde sé, mientras seamos humanos, el miedo permanecerá ahí. Por eso es tan importante conocerlo, y aprender a conducirlo. He visto que curiosamente haciendo esto es como el resultado puede llegar a ser maravilloso e incluso, milagroso.

Ir más allá de nuestros miedos, es el camino para brillar.

Namaste.

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