La importancia de recibir.

La importancia de recibir.

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Para poder vivir en abundancia, es indispensable poder permitir que esta se haga presente en tu vida, a través de algo que suena sencillo, pero realmente puede llegar ser retador: recibir. Aunque puede parecer algo fácil, realmente aquí están envueltos muchos aprendizajes espirituales, que en la medida que los tenemos nos vamos pudiendo abrir más y más a vivir en plenitud.

Recibir implica muchas cosas, desde ayuda, hasta halagos. Detrás de esto, esta algo muy importante, el sentirse merecedor. Solo es a través de serlo, que se puede estar abierto para recibir todas las bendiciones que el universo tiene para ti.

Desde muy pequeño, me ha costado mucho este tema, primero por que sentía que recibir ayuda me hacia una persona sin valor, y segundo por que cuando alguien me felicitaba, sentía que no merecía el crédito. De hecho, llego a ser tan fuerte, que recuerdo que no me gustaba que me felicitaran para mi cumpleaños, los regalos que me daban, aunque me gustaban, no los podía disfrutar en lo más mínimo. ¡Me había convencido yo mismo, que no merecía recibir!

Lo más fuerte de todo esto, es que no estaba consciente del asunto. Tan es así, que pensaba que era normal, y ni siquiera me cuestionaba por que cada vez que alguien tenía un gesto amable conmigo, en lugar de tomarlo bien, lo tomaba como todo lo contrario.

Fue después de ir primero trabajando con mi autoestima, que pude darme cuenta que estaba totalmente bloqueado a recibir. De hecho sentía que cuando lo hacía me estaba fallando a mi mismo, por eso me sentía tan mal.

Pero poco a poco, me di cuenta que el amor se perfecciona cuando se da y se recibe en equilibrio. Es justo eso lo que nos hace vivir en perfecta abundancia, y en plenitud. Dar, pero también permitirnos recibir. De hecho, es importante dejarnos amar, y eso solo se logra dejando que los demás nos muestren su afecto, ¡Lo merecemos!

Lo otro que he ido poco a poco logrando, es el tema de aceptar los halagos y reconocimientos. He solido ser tan exigente conmigo, que nunca llegaba a alcanzar el estándar, de lo que consideraba adecuado para merecer mi propio reconocimiento y por ende el de los demás. Pero eso no era más que una total y absoluto engaño subjetivo de mi ego.

Algo muy interesante de este asunto de la abundancia, es que todos tenemos grandes lecciones espirituales al respecto. Pues son muchos los que tienen dinero, pero no salud. O tienen tiempo, pero no dinero, por citar algunas cosas. Creo que todos necesitamos aprender y trabajar en las áreas en las que necesitamos ser abundantes.

Es importante recordar, que nuestra naturaleza es abundante.

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Lo valioso de ser sincero conmigo mismo.

Lo valioso de ser sincero conmigo mismo.

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Una de mis más grandes áreas de oportunidad, es el tema de la sinceridad. Sobretodo vista desde hablar con la verdad, pues me ha costado mucho de repente, ser sincero con las cosas que quiero y siento. Pero dejando a un lado eso, realmente el problema grave, es cuando no estoy siendo sincero conmigo mismo.

 

En infinidad de ocasiones he aceptado hacer cosas, por qué me auto convencí que eran lo adecuado por alguna u otra razón. Incluso tome decisiones de vida, engañándome de que estaba yo haciendo lo correcto. ¿Cuál era el factor principal detrás de todo? El miedo. Pues este, me convencía de que el mejor camino era tomar esas decisiones, el problema es que al final no me sentía ni pleno, ni completo.

 

Quizás lo todavía más grave, es que llegue a entumirme con el asunto. Es decir, dejé de darme cuenta de todas las cosas que estaba haciendo sin estar siendo claro con los sentimientos.

 

Ser sincero conmigo mismo, me ha ayudado también a convivir con los demás. Pues en ocasiones, tengo que hacer cosas que no quisiera. Pero con el simple hecho de reconocer que no quiero, se me hace más fácil hacerlo, sobre todo en los casos que no hay elección. En muchos otros me honro y tomo la decisión de lo que es mejor para mí.

 

Resistir una emoción, o incluso ignorarla, nos limita emocionalmente. Pues cuando no me daba cuenta de que estaba yo siendo poco sincero conmigo, aceptaba sin estar consciente de lo que quería vivir. Por lo que dejaba que la marea me llevara a donde, ella quisiera.

 

Empezar a ser consciente de lo que queremos y de lo que sentimos, es tomar el control de nuestra propia vida. Quizás hayan emociones que no podremos controlar, creo que de hecho es imposible. Lo que si hay que hacer, es aprender a que estas fluyan.

 

Es muy probable, de hecho, que hayan tropezones. Yo me tropiezo todos los días. me doy cuenta que no fui sincero, a veces se me desbordan mis emociones. Lo único que hago, es amarme. Siendo compasivo y perdonándome, teniendo paciencia. Y reconociendo que no tengo por qué ser perfecto.

 

La imagen de tener que serlo, me hizo sufrir mucho cada día de mi vida que no lo conseguí. Aprender a ser sincero conmigo, me ha permitido descubrir que soy perfecto, por ser, sin importar si hago algo “bien” o mal. Ese es el mejor beneficio de ser feliz

 

Ser consiente y amoroso es lo que permite que podamos tomar el control de cómo queremos vivir nuestras experiencias. Y sin duda, yo elijo ser feliz.

 

Namaste.

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No es fácil, pero es mejor.

No es fácil, pero es mejor.

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Hablar con la verdad, es para mí, una de las cosas más difíciles del universo. Pues al querer hacerlo, aparecen muchos miedos, que me hacen que se me haga muy difícil. Pero por otro lado, no hablar las cosas, trae enormes desventajas. Así que siempre va a convenir asumir este gran reto espiritual, y hablar con claridad.

Por un lado, esta hablar la verdad hacia los demás, pero la verdad es que para poder hacerlo, primero hay que estar consciente de ella. Fue imposible expresar mis sentimientos y opiniones, por qué durante mucho tiempo, no los registraba. Era como si no existieran.

Ya ni vale la pena analizar si era por que bloqueaba mis emociones o por alguna otra razón. Lo que es un hecho, es que no estaba claro de lo que quería y sentía. Así que no podía expresar mi verdad.

Eso me llevo a ceder, más inconsciente que conscientemente.

Otra razón importante que me impedía expresar mis opiniones, era el miedo al rechazo. No sé por qué, me convencí de que si no opinaba lo mismo que los demás, iba a ser rechazado. Pero esto está totalmente alejado de la verdad. Obvio hay formas, y no a todos les puede gustar lo que yo digo o expreso. Pero no hay mejor camino que ser fiel a uno mismo.

También he experimentado, mucho conflicto cuando quiero manifestar una inconformidad o terminar algún acuerdo. Sin darme cuenta, muchas veces el miedo a que las cosas salgan mal, se apodera de mí. Pero la realidad, es que cuando expreso las cosas desde el corazón, las cosas caminan y resuelven de la mejor manera para ambas partes.

Definitivamente no es fácil decir la verdad. Pero la verdad es que cuando no lo hago, una intranquilidad normalmente inconsciente se apodera invariablemente de mí. Sé que me he alejado del amor.

Por el contrario, cuando hablo con la verdad, me siento mucho más tranquilo. Ese es el camino.

Me he topado con gente que percibo que claramente no está diciendo la verdad, lo cual a veces me molesta. Pero luego entiendo y logro ser compasivo, al entender que es algún miedo lo que les está haciendo actuar. Eso no significa que tenga que ignorar la situación, solo que no gano nada cargando algún tipo de rencor.

Lo mejor, es hablar con la verdad, para hacerlo solo hay que permitir que el amor sea el que dicte las palabras y nuestras acciones.

Namaste.

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Para que pasan cosas “malas”.

Para que pasan cosas “malas”.

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La aceptación es una de los actos espirituales más profundos que uno puede hacer. Pero hay muchas cosas en esta vida, que realmente son difíciles de aceptar, o incluso de entender cómo es que Dios, siendo amor, las permite. Lograr entender este hecho, es algo que sin duda nos permite poder vivir en una verdadera comunión con la vida.

Para poder entender por qué pasan las cosas, hay que recordar porque estamos en esta vida: para aprender. Sin duda la mejor forma de hacerlo, es a través de la experiencia.

Es justo por eso, para generar una experiencia, el por qué pasan las cosas más dolorosas y tristes en este mundo. La mejor analogía es lo que pasa con los niños, puedes decirles que les puede pasar algo, incluso lo pueden hasta saber, pero no es hasta que les pasa en realidad, que lo entienden.

Cada persona, tiene un plan divino, una razón para estar aquí. Es justo esa razón la que determina qué tipo de experiencias les toca vivir. Al final, aunque parezca duro de creer, todo, no es más que una travesía para encontrar el amor más profundo que hay en todo.

También hay que recordar, que al alma, no le pasa nada. Por muy duras que las experiencias puedan ser, esta permanece intacta. Solo entendiendo, de una u otra forma la razón espiritual, por las que pasan las cosas, es cómo podemos aceptarlas.

Yo sufría por todas las “injusticias” que veía en el mundo. Las hacía mías, y me negaba a entender que Dios siendo todo bondad, permitiría que nos pasaran cosas. La realidad, es que Dios es amor, tan es así, que nos permite vivir las experiencias que necesitamos a nivel de nuestra alma. A esto se le conoce libre albedrío.

Pero si vemos con los ojos del cuerpo, las cosas se ven imposibles. Solo cuando entendemos las razones divinas, es como podemos entender que todo lo que pasa es perfecto. Aun cuando las cosas se ven exageradamente dramáticas, en el fondo todo pasa para bien a nivel espiritual.

Ahí es donde los que logran empezar a integrar su espiritualidad a su vida diaria, empiezan a vivir de una manera diferente, pues al aceptar tus experiencias, y aceptas tu aprendizaje, hace que puedas ser feliz, sea como sea.

El amor está en todas nuestras experiencias, solo necesitamos permitirnos sentirlo.

Namaste.

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¿Y si todo estuviera en el lugar perfecto?

¿Y si todo estuviera en el lugar perfecto?

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Nada, absolutamente nada, está en nuestras vidas por casualidad. Pero muchos sabemos o hemos escuchado que el universo nos provee de todo lo que pidamos. Así que es muy normal y común, que cuando por alguna razón no estemos donde queramos, nos sentimos frustrados, lo que hace que nos demos por vencidos, dejando de recibir lo que tanto hemos pedido.

 

Pero lo que ocurre, es que hemos olvidado un dato fundamental: el orden divino. Este es el que determina la mayor parte de los acontecimientos que pasan en nuestro alrededor. No por casualidad, sino por causalidad. Pues todo está, como esta, por alguna razón.

 

De hecho, todo está en su perfecto lugar. Claro que esto es algo que a nuestro ego le molesta, y mucho. Es justo lo que hay que observar, pues es que hay en realidad, una lección que hay por aprender.

 

Cuando las cosas no están donde uno quiere, no es porque se nos haya negado. Sino porque hay algo que necesitamos aprender o experimentar para pueda llegar.

 

La mejor forma de liberar algo, es sin duda encontrando la razón para que las cosas estén ahí. También no hay que perder de vista, que no es una negativa, sino un aprendizaje. El cual seguramente es algo que nuestra alma necesitar experimentar.

 

Nuestra vida está destinada a ser llenada de gozo. Aunque para eso necesitamos aceptar nuestras lecciones, fluyendo con las experiencias que nos toca vivir.

 

Claro que es horriblemente frustrante cuando las cosas no salen como queremos. Ahí es donde nos agarra el ego y aprovecha la ocasión para decirnos que todo nos sale mal. La mejor cura es fijarnos en el proceso, en lugar del objetivo. Pues si nuestra energía está enfocada en el resultado, nos complica el proceso.

 

La clave está en disfrutar el camino, aunque a veces sea incómodo. Es el perfecto. Créeme y ten fe, es necesario confiar que las cosas están en su perfecto lugar. Curiosamente es la clave para que todo fluya de mejor forma.

 

Cuando aceptamos nuestro presente, permitimos que fluya, pero sobretodo nos permitimos disfrutarlo.

 

Namaste.

 

 

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Permitir que las cosas pasen.

Permitir que las cosas pasen.

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Cada vez que tomo una decisión, por arte de magia, empieza a pasar por mi mente, todas las cosas que pudieron salir diferente en torno a eso. Sin darme cuenta, estoy envuelto en una serie de posibilidades, que me afectan enormemente, tanto que muchas veces termino sufriendo. Así que es importante entender por qué pasa esto, las afectaciones y cómo manejarlo.

En realidad, lo que sucede, es que estos pensamientos o análisis, me afectan en mi conexión con el presente. Mi energía se empieza a dispersar, y sobretodo me resisto a la experiencia del momento.

Por si fuera poco, difícilmente podremos tomar decisiones o estar en situaciones perfectas. Obvio que algunas lo serán, pero es imposible que todo lo que hagamos sea lo ideal. Así que es importante entender esto, para que nos abramos a que pase lo que tenga que pasar.

Cada vez que me he resistido a una situación, como por ejemplo, asistir a una clase de yoga con un determinado maestro, y este no llega a la clase, me impido a mí mismo disfrutar de la posibilidad que dicha experiencia me trae. Esto es derivado, a que estoy enfocado en el resultado y no el proceso.

Creo que una de las claves para disfrutar de mejor manera nuestra vida, es aprendiendo a disfrutar el camino sea, cual sea. Pero lo que sucede en realidad, es que nos generamos una enorme cantidad de expectativas, y es justo en ese instante, que ya complicamos de sobremanera las cosas.

Además cuando quiero controlar que las cosas pasen de una u otra manera, hay un miedo detrás que me está afectando. Permitir que las cosas pasen, es dejar que lo divino haga de las suyas. Es decir, que pase lo que tenga que pasar. Estar abiertos a la experiencia, nos permite no solo disfrutarla, sino aprender de ella y crecer.

Desde que tengo menos expectativas, puedo presumir que vivo más relajado. El control hace que gastemos nuestra energía muy ineficientemente. Muy diferente, cuando fuimos con las circunstancias de lo divino.

Por eso es tan importante aprender a confiar, pues es la mejor forma de practicar nuestro optimismo, atrayendo las situaciones que sean para nuestro más alto bien. Cuando permitimos que las cosas pasen, nos alineamos a lo que nos toca vivir, y a las bendiciones que estas experiencias están destinadas a traernos.

Namaste.

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¡Sin duda! Es difícil aceptarlo.

¡Sin duda! Es difícil aceptarlo.

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Una de las cosas que más le molesta a Karla, mi esposa, es que después de haber hecho algo inadecuadamente, me niegue infantilmente a aceptarlo. Y es que tal como lo comento al principio, no asumir la responsabilidad, es una reacción infantil. Con la consecuente afectación de que la responsabilidad, es la que nos lleva sin libramientos a la felicidad.

 

Lo que yo me cuestiono enormemente es: ¿Por qué no simplemente reconozco que me equivoqué?. Me cuesta encontrar la respuesta, creo principalmente porque me molesta decepcionarme de mi mismo, al ver que no soy lo perfecto que me encantaría ser. Me duele, incluso lagrimo mientras lo escribo.

 

En algún momento asocie en mi vida, que necesitaba ser perfecto para ser amado y aceptado. Así que esa sensación de riesgo de ser rechazado surge, cuando cometo alguna equivocación. Pero resulta, que el ser humano es tan complejo, que siempre, siempre se va equivocar. Es parte de su experiencia. Ahí está lo interesante, si sigo pretendiendo ser perfecto, sufriré enormemente.

 

Sumado a todo esto, aun cuando estoy consciente, me sigue costando aceptar mis errores. No solo por lo que mencionaba anteriormente, sino porque además me duele a mi orgullo aceptar sus consecuencias. Quizás porque aún hay un gran grado de inmadurez en mí, lo que me hace aún actuar como niño. Pero por favor, no se lo digas a nadie. 😉

 

Lo mejor de todo, es que hay otro camino, se llama la compasión. Es amarme sin condiciones, sin límites, y pase lo que pase.

 

Otra manera de verlo, es entregar mi necesidad de ser perfecto a lo divino. Ya que es mi miedo terrenal, el que me hace sentir que algo malo me va a pasar cuando la riego. En cambio sí permito que mi luz fluya, todo se transforma, lo que hace que mis tropiezos, se vuelvan en lecciones.

 

No es hasta que aprendemos a vernos con humor, que podemos desmitificar la tendencia a creer que es malo equivocarnos. Lo cual va a pasar, consciente o inconscientemente. Pero cuando aceptamos y ofrecemos sinceras disculpas, lo mejor pasa para el más alto bien de todas las personas.

 

Es importante entender que los demás nos pueden perdonar o no, pero si nos perdonamos a nosotros mismos, ya no cargaremos con ese remordimiento, y ayudaremos a los otros a que no carguen rencor, pues les será más fácil perdonar. Pero eso ya le toca a los demás. Lo importante es tener la intención de fluir en amor en nuestras relaciones, lo cual es todo un tema, punto y aparte, pero no quería dejar de mencionarlo.

 

Así que atrévete a aceptar tus errores, no solo se fluye mejor, sino que se vive mejor.

 

Namaste.

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La ventaja de hacerlo.

La ventaja de hacerlo.

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Conozco a muchas personas, en las que me siento incluido, para las cuales asumir la responsabilidad, es algo que les aterra. Esto hace que se evite a toda costa, con la gran consecuencia de no poder lograr casi nada en esta vida. Ya que para lograr nuestros sueños, así como la vida que nos merecemos, necesitamos asumir la responsabilidad.

 

A mí me ha costado enormemente entender que todo depende de mí. Bueno al menos, me refiero a mi manera de sentir. Está en mí, el poder decidir cómo quiero sentirme ante las circunstancias que vivo en mi vida, pero eso requiere saber que la responsabilidad depende de mí y de nada nadie más.

 

Por mucho tiempo creí que no debía asumirla, pues si me equivocaba o algo salía mal, iban a haber consecuencias negativas, refiriéndome a un castigo. Quizás esto venga de una asociación con mi infancia, donde portarse mal o equivocarse era igual a castigo. Pero la realidad, es que ser responsable es asumir las consecuencias, hacerlo de manera positiva, implica tomar los aprendizajes.

 

Incluso este pavor al compromiso, es derivado de ese miedo a fallar, a no poder. Pero suele volverse enormemente grande. Sobre todo cuando de alguna manera sé que soy bueno para algo. He visto que mi ego me ha hecho creer que donde más posibilidades tengo que hacer bien las cosas, más riesgo hay de que las cosas salgan mal. ¡Cuando es todo lo contrario!

 

Lo que pasa es que, por su puesto que es mayor la responsabilidad, eso sí. Así que he tenido que ir aprendiendo a ser responsable, y dejar de reprocharme si algo sale distinto a lo que quería. Pues el único que realmente se estaba autocastigando, era yo mismo. Mi juez interior (ego) me ha hecho creer que me merezco ser castigado por fallar, y que todo se va al caño cuando así ocurre.

 

Eso no es más que una barrera para lograr una vida plena. Es normal fallar, es parte del proceso. La responsabilidad no es otra cosa más que asumir las consecuencias y con ellas el aprendizaje. Las personas que lo hacen, son las que en realidad gozan de grandes beneficios.

 

Claro que he tenido que enfrentar mi miedo, dándome cuenta que no pasa nada cuando las cosas salen distinto a lo que quiero, aprovechando el aprendizaje que surge ante estas circunstancias. Eso es lo que hace crecer, lo que fortalece mi poder personal.

 

Si hay algo que estoy seguro, aunque me aterra, es que soy capaz de aprender y de lograr mis sueños. Solo tengo que confiar.

 

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Cambiar la preocupación, por oración.

Cambiar la preocupación, por oración.

AA leon Brown El día que dejes de preocuparte, será el primer día de tu nueva vida; la ansiedad te hace dar vueltas en circulo, confía en ti y libérate.jpg

La preocupación, como con cualquier ser humano, ha sido mi fiel compañera. En ocasiones justificadamente y en otras apareció sin que hubiera razón. La cuestión esta, en que a pesar que es una reacción normal, lo único que hace es ponernos en un estado que complica las cosas, y en nosotros esta la capacidad de cambiar esta tendencia.

Según la ley de la atracción, atraemos lo que vibramos. Si vibramos en temor, atraeremos situaciones respectivas. Hay que entender también, que no es tan directo, pues no somos 100 % preocupación ni 100% fe, somos una mezcla en la que andamos transitando. Pero sin duda a lo que más foco le pongamos es a lo que más vamos a materializar.

En mi experiencia personal, la preocupación -la cual viene del miedo- me bloquea enormemente, lo que me hace no reconocer las cosas, así que la situación me termina derribando, por supuesto, sin darme cuenta.

Para poder cambiar esto, primero hay que aprender a observarnos y darnos cuenta cuando se nos activa la preocupación, analizar si hay algo que podamos hacer ante la situación. Tratando de conectarnos con el amor, que no es más que la confianza de que todo pasa para bien y de que podemos sacar provecho de cualquier circunstancia que se nos presente.

La preocupación no es más que una solicitud al universo para el caos. Significa que estamos pidiendo vivir en sufrimiento, en lugar de armonía.

Por eso, cada vez que me detecto con algún tipo de preocupación, hago un plan de acción, para solucionar la situación, en el caso de que haya algo que hacer, o por el contrario, rezo, lo que me hace relajarme y le entrego la situación al universo, el cual siempre busca mi bien-estar.

Como he mencionado en otras publicaciones, estamos en esta vida para aprender. Por eso tenemos un ego que nos activa la preocupación, para que nos de enseñanzas a través de la experiencia. El universo nos permite tener las experiencias que necesitamos, pero siempre procura nuestro bien. Es cuestión de permitírselo.

La fe es una especie de músculo que hay que ir ejercitando. No se puede ser extremadamente confiando, de la noche a la mañana, si toda la vida has sido una persona desconfiada. Como cualquier músculo tiene un tiempo y un proceso, se trata de ponerse en el camino. Esto se llama estado vibratorio, el cual va cambiando hacia donde estén nuestras emociones de paz o de angustia.

Lo más importante es reconocer, que la preocupación es una señal de que las cosas se pueden complicar, pero también es un llamado a convertirla para nuestro más alto bien.

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Algo a considerar con respecto a la Salud.

Algo a considerar con respecto a la Salud.

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A lo largo de mi vida, he vivido distintas afectaciones a mi salud, las cuales junto con lo que he ido aprendiendo en el camino, me han permitido entender algunos de los principales factores que nos afectan nuestro estado de salud.

Debo decir que sanamos a través de las enfermedades. De hecho no hay nada de malo en ellas, es un camino de experimentar las experiencias que nos tocan. Incluso mientras más mal veamos el tema de enfermarse más propicios somos a enfermarnos. Cada enfermedad es una señal de algo que nos toca aprender, o algo que nos está afectando.

Mi más grande síntoma, por mucho tiempo fue la garganta. Iba al doctor, me daba medicinas, sanaba, para que posteriormente volviera a caer. No fue hasta que me atreví a explorar el origen emocional, que producía la afectación a mi garganta, que realmente logre sanarme a mi mismo. Lo que descubrí fue que era incapaz de expresar mi enojo, lo que hacía que hubiera una energía que se atoraba en mi garganta, el centro de expresión.

En el momento que lo reconocí, empecé junto con pegado a aceptar el reto de expresar mis opiniones y sentimientos más asertivamente, fue entonces cuando las molestias de la garganta se fueron, espero yo, para siempre.

Puedo presumir, que desde que encontré la manera de escuchar los mensajes que me envía mi cuerpo, mi salud se ha mantenido prácticamente en perfecto estado. Aun cuando han habido momentos en los que empiezo a sentir síntomas, o incluso sufro pequeños accidentes, ahí me doy el tiempo para meditar, calmar mi mente y ponerme en disposición de escuchar el mensaje que dichos síntomas me envían.

El cuerpo es un gran guía espiritual. Al permitirme escucharlo, voy encontrando dónde está lo que tengo que trabajar en el momento para mantener mi estado de salud. Muchas veces estos retos espirituales se tornan interesantes, pero la salud es la mejor brújula de que vamos por buen camino.

Louise Hay, es quizás la que mejor da una base al respecto, en su libro, tú puedes sanar tu vida. Ahí podemos reconocer como somos responsables de nuestra propia salud, es algo que depende de nosotros, y está en nuestro poder personal elegir como queremos vivir las experiencias que nos tocan.

La salud es uno de los grandes retos espirituales, pero creo que es quizás el que más lo valga.

Namasté.

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