En estos momentos, URGE estar en paz.

En estos momentos, URGE estar en paz.

“La preocupación es una oración para el caos.”

-Gabby Bernstein

Actualmente, México mi país, esta viviendo momentos de tensión. Aunque escribo con este motivo, pues sentí importante reflexionar al respecto, es un hecho que cada cierto tiempo suceden eventos que nos hacen preocuparnos e incluso llegar a atemorizarnos. Aquí es donde es importante ser conscientes de las consecuencias de estos hechos.

Hay una diferencia fundamental en informarse a preocuparse. Lo último nos pone en una vibración que fortalece eso que nos preocupa. Cosa que obviamente no es lo que quisiéramos en primera instancia, pero no saber las consecuencias de hacerlo es lo que nos impide cambiar el hábito.

En cambio, si simplemente rezamos y confiamos en los escenarios posibles, por muy lejanos que sean, automáticamente hace que nuestro ser cambie de vibración y aporte hacia el escenario que en verdad queremos.

Es muy fácil concentrarnos en los eventos exteros, e incluso culpar de que las cosas estén así. Pero lamento informar que si vibramos en temor, estamos contribuyendo a hacerlo más grande. Es normal precouparse, es parte de nuestra naturaleza, no hay que sentirnos mal por ello, pero si hay que cambiar el enfoque nuestros pensamientos hacia lo positivo.

Pero quizás lo más importante, es aprender a faltar nuestras reacciones con la consciencia. Ultimamente hay mucha paranoia derivado a los mensajes de redes sociales que se reciben de noticias sobre caos, donde el primo de un amigo fue el que lo vio, y en lugar de razón, en seguida permitimos que nuestro miedo se active y sin pensar ya estamos en temor, e incluso ya lo compartimos con otros.

El ego, es un instinto muy primario así como muy rápido. Sin darnos cuenta ya estamos reaccionado a ello. Pero estamos vibrando en temor, y estoy seguro que en nuestra sana consciencia, no queremos echarle más leña a ese fuego.

Pienso que el mundo esta en evolución, cada vez son más las personas que están cambiando su forma de reaccionar, y creo que mi país así como muchas cosas en el mundo, están dándose cuenta que tenemos la capacidad de ir más allá de nuestros miedos.

Es momento de ser la luz que empiece a quitarle fuerza a la oscuridad, creo que el camino de todos nosotros es justamente prender a su máximo esplendor la luz que hay en nuestro interior.

Namasté.

¿Y si no hicieras ningún propósito?

¿Y si no hicieras ningún propósito?

Año nuevo, la tradición indica que es el mejor momento de establecer propósitos. Más sin embargo, no estoy seguro de que sea lo más efectivo. De todas las cosas que me he propuesto cada año nuevo, son mínimas las que realmente he cumplido, y mucho menos las que han durado a lo largo del tiempo. Pero curiosamente, cuando me dejé de proponer cosas, es cuando más cosas he logrado.

Para mi, un propósito implica un compromiso, y como tal a mi me genera una expectativa, así como también, dependiendo del propósito, un grado de tensión. Eso en mi experiencia, no ayuda en nada a lograr mis deseos. Al contrario, solo me estresa y me baja el autoestima.

Es muy curioso el asunto, pero se logra más cuando no hay expectativas, y cuando no hay tensión. Desde la paz interior es desde donde, increíblemente, las cosas ocurren. Creo que no hay nada más desgastante que el juicio y la evaluación, lo cual se activa cuando estamos en la búsqueda de alcanzar una meta. Empezamos a decirnos “voy bien”, “voy mal”, y de ahí se pueden ir sumando muchas cosas, que categorizan, y no necesariamente nos impulsan.

Por su puesto, que esto no quiere decir que no aspiremos a cosas, o que no hagamos cambios. Lo único que digo, es que en lugar de establecerlo como un deseo vago y que puede estresar, se haga en la confianza o fe, y con mucha compasión, para poder intentarlo una y otra vez, aún cuando tropecemos.

Abraham Hicks, en sus maravillosas lecciones sobre la ley de la atracción, habla de como se logran más rápido las cosas desde la no acción. Es decir, desde la vibración de paz y confianza de que se dará, más allá de estar forzando para que las cosas pasen.

Por muchos años, he visto como grandes propósitos de bajar de peso, comer más saludable, hacer ejercicio, son abandonados rápidamente. Todo por que en algún lugar de esos objetivos, no había realmente la confianza, y el ego termina convenciéndonos al primer tropiezo, de que no vale la pena intentarlo por que jamás se logrará.

Muchos de los cambios que he logrado en mi vida, en realidad han sido paulatinos. Han venido de estar en un lugar de paz, e ir identificando que es lo mejor para mi en ese preciso momento. Más allá de los grandes propósitos que se nos pueden ocurrir, pequeñas decisiones, son las que en realidad pueden hacer los cambios grandes lleguen en el momento adecuado.

Además, la aceptación de nuestras circunstancias actuales, es una autentica practica de amor incondicional. Esto nos lleva a tener todo el poder desde ese lugar de plenitud, hacer los cambios que nos hagan crecer mucho más.

Por eso yo no te recomiendo hacer grandes propósitos, sino más bien, decidir como quieres que sea tu vida. Visualiza que es lo que tienes que hacer para dar los primeros pasos para estar ahí, y encamínate. Sin hacer grandes compromisos, el ego no tiene pretextos para decirte que no lo vas a lograr. Al menos a mi, me ayuda mucho no meterme presión por lograr algo

Cuando sientes lo que quieres crear, no tienes que hacer nada, pues ya eres lo que quieres.

Namasté.

Las emociones de la mente.

Las emociones de la mente.

La mente no siempre necesariamente va alineada con las emociones. Esto lo sabemos perfectamente, las personas que en algún momento de nuestras vidas hemos sentido lo que es la ansiedad.  El resultado de ello, es sentir que todo está diferente, a lo que la mente en realidad percibe o analiza.

Curiosamente, en el camino espiritual, se trabaja para escuchar y hacerle caso al corazón. Uno podría pensar qué hay que dejar a la mente a un lado, pero todo lo contrario. Cada parte de nuestro ser, tiene una función, que cuando la ejecuta en equilibrio realmente todo cobra sentido. Muy diferente, cuando las emociones y los pensamientos difieren, no sólo hay una sensación de ansiedad, sino de peligro.

Lo que más ha traído paz mental a mi vida, ha sido dejar a un lado la sensación de estar separado de Dios, así como de sentirme fragmentado. Cuando entendí que soy uno con la vida, y todo mi ser es perfecto, me he sentido mucho menos ansioso de lo que estaba antes.

Más sin embargo, aún hay una parte de mi ser que se desconecta terriblemente y me hace sufrir. Lo bueno que al menos ya empiezo a darme cuenta, lo que me permite elegir si quiero seguir así o no. Pero en verdad es horrible sentir que todo está de la fregada, aunque en realidad no lo esté.

Cobrar consciencia, implica alinear nuestro pensar con nuestro sentir. Ser un solo ser. Esto solamente se logra viviendo en el presente, cuando me preocupo o sigo en el pasado, es justo cuando hay una sensación de desconexión la vida, algo en mi empieza a sufrir. Me de cuenta o no.

La manera en la que experimentamos la vida, es una elección que en algún momento hicimos, o las circunstancias hicieron. Lo importante es recordar, que tenemos el poder de elegir sentirnos como queramos. Ahí es donde la mente nos ayuda a dirigir hacia dónde queremos ir.

El poder está en nosotros, lo usamos en el momento, que cobramos consciencia.

Namasté

Cuando los demás son los culpables.

Cuando los demás son los culpables.

El dolor que se siente cuando alguien más ha sido el culpable, de que algo no salga del todo bien en nuestra vida, es inmenso. Y más, si sentimos que han sido una barrera para nuestro crecimiento. Aunque esta sensación, no solo no nos ayuda, sino que nos detiene y nos daña. Tanto emocional como en nuestro crecimiento, aprender a tomar las cosas, es clave para en realidad ser feliz.

A mi me pasa muy seguido, que suelo hacer responsables a los demás de las cosas. Sobretodo cuando los demás no actúan como yo quiero. Lo que en realidad es una falta de respeto a la individualidad de cada quien. Me siento enormemente frustrado y en ocasiones también traicionado.

Me es muy fácil culpar a los demás de que las cosas no salgan en mi vida como quiero. No lo voy a negar, es delicioso dedicar mi energía a despedazar a la gente que siento que me esta afectando. Aunque la verdad, es que esto me aleja bastante del amor.

Quizás lo más grave, es que esta actitud deja heridas profundas en el corazón. Que a menos que las identifiquemos, las estaremos cargando y sufriendo por ellas inconscientemente. Por si fuera poco, está forma de actuar, nos impide darnos cuenta de que en realidad el poder está en nosotros. La única forma de tomar el control del el, es asumiendo la responsabilidad.

Yo había creído falsamente, que cuando las cosas no salían como yo quería, era por que mi poder no servía para nada. Pero nada más lejos de la verdad. Mi confusión radicaba, en que las cosas funcionan en una interacción entre el universo y nosotros. Además se sumas los aprendizajes que nos tocan vivir, y que en algún lado escogimos.

Es imposible controlar las circunstancias, pero eso no significa que seamos menos poderosos. Pero por el contrario al aceptarlas, asumimos nuestro poder, y si confiamos en nosotros, liberamos la capacidad de salir a delante o de seguir, y tarde o temprano, llegar a nuestros destinos.

Los demás son un gran pretexto para renunciar, pues al culparlos, estamos entregándoles el poder. En lugar de ver que podemos ser más que las circunstancias. Claro que esto no significa que si alguien nos ha hecho dañado no sea responsable, solo que cargar la culpa, ira o el rencor nos termina consumiendo por dentro.

En lugar de buscar culpables, nuestra energía se fortalece si buscamos maestros. ¿Que me puede enseñar esta situación/persona? La respuesta no solo trae tranquilidad, sino que además nos abrimos a las soluciones divinas. Los milagros ocurren en el momento en que aceptamos el aprendizaje y nos permitimos que las cosas fluyan.

Echar o asumir culpas nos bloquea, mientras que estar en paz, nos empodera.

Namasté.

No es fácil, pero es mejor.

No es fácil, pero es mejor.

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Hablar con la verdad, es para mí, una de las cosas más difíciles del universo. Pues al querer hacerlo, aparecen muchos miedos, que me hacen que se me haga muy difícil. Pero por otro lado, no hablar las cosas, trae enormes desventajas. Así que siempre va a convenir asumir este gran reto espiritual, y hablar con claridad.

Por un lado, esta hablar la verdad hacia los demás, pero la verdad es que para poder hacerlo, primero hay que estar consciente de ella. Fue imposible expresar mis sentimientos y opiniones, por qué durante mucho tiempo, no los registraba. Era como si no existieran.

Ya ni vale la pena analizar si era por que bloqueaba mis emociones o por alguna otra razón. Lo que es un hecho, es que no estaba claro de lo que quería y sentía. Así que no podía expresar mi verdad.

Eso me llevo a ceder, más inconsciente que conscientemente.

Otra razón importante que me impedía expresar mis opiniones, era el miedo al rechazo. No sé por qué, me convencí de que si no opinaba lo mismo que los demás, iba a ser rechazado. Pero esto está totalmente alejado de la verdad. Obvio hay formas, y no a todos les puede gustar lo que yo digo o expreso. Pero no hay mejor camino que ser fiel a uno mismo.

También he experimentado, mucho conflicto cuando quiero manifestar una inconformidad o terminar algún acuerdo. Sin darme cuenta, muchas veces el miedo a que las cosas salgan mal, se apodera de mí. Pero la realidad, es que cuando expreso las cosas desde el corazón, las cosas caminan y resuelven de la mejor manera para ambas partes.

Definitivamente no es fácil decir la verdad. Pero la verdad es que cuando no lo hago, una intranquilidad normalmente inconsciente se apodera invariablemente de mí. Sé que me he alejado del amor.

Por el contrario, cuando hablo con la verdad, me siento mucho más tranquilo. Ese es el camino.

Me he topado con gente que percibo que claramente no está diciendo la verdad, lo cual a veces me molesta. Pero luego entiendo y logro ser compasivo, al entender que es algún miedo lo que les está haciendo actuar. Eso no significa que tenga que ignorar la situación, solo que no gano nada cargando algún tipo de rencor.

Lo mejor, es hablar con la verdad, para hacerlo solo hay que permitir que el amor sea el que dicte las palabras y nuestras acciones.

Namaste.

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¿Y si todo estuviera en el lugar perfecto?

¿Y si todo estuviera en el lugar perfecto?

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Nada, absolutamente nada, está en nuestras vidas por casualidad. Pero muchos sabemos o hemos escuchado que el universo nos provee de todo lo que pidamos. Así que es muy normal y común, que cuando por alguna razón no estemos donde queramos, nos sentimos frustrados, lo que hace que nos demos por vencidos, dejando de recibir lo que tanto hemos pedido.

 

Pero lo que ocurre, es que hemos olvidado un dato fundamental: el orden divino. Este es el que determina la mayor parte de los acontecimientos que pasan en nuestro alrededor. No por casualidad, sino por causalidad. Pues todo está, como esta, por alguna razón.

 

De hecho, todo está en su perfecto lugar. Claro que esto es algo que a nuestro ego le molesta, y mucho. Es justo lo que hay que observar, pues es que hay en realidad, una lección que hay por aprender.

 

Cuando las cosas no están donde uno quiere, no es porque se nos haya negado. Sino porque hay algo que necesitamos aprender o experimentar para pueda llegar.

 

La mejor forma de liberar algo, es sin duda encontrando la razón para que las cosas estén ahí. También no hay que perder de vista, que no es una negativa, sino un aprendizaje. El cual seguramente es algo que nuestra alma necesitar experimentar.

 

Nuestra vida está destinada a ser llenada de gozo. Aunque para eso necesitamos aceptar nuestras lecciones, fluyendo con las experiencias que nos toca vivir.

 

Claro que es horriblemente frustrante cuando las cosas no salen como queremos. Ahí es donde nos agarra el ego y aprovecha la ocasión para decirnos que todo nos sale mal. La mejor cura es fijarnos en el proceso, en lugar del objetivo. Pues si nuestra energía está enfocada en el resultado, nos complica el proceso.

 

La clave está en disfrutar el camino, aunque a veces sea incómodo. Es el perfecto. Créeme y ten fe, es necesario confiar que las cosas están en su perfecto lugar. Curiosamente es la clave para que todo fluya de mejor forma.

 

Cuando aceptamos nuestro presente, permitimos que fluya, pero sobretodo nos permitimos disfrutarlo.

 

Namaste.

 

 

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¿Por qué es tan difícil?

¿Por qué es tan difícil?

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Conozco, muchas personas -yo entre ellas-, que dicen o creen en cosas, pero actúan de distinta manera. Esto es muy común en muchas personas. En mi experiencia esta derivado en que la mente o lo que nos hace actuar, no necesariamente están alineados. Por eso es tan importante aprender a identificar estas distancias entre una cosa y la otra.

Lo más chistoso del asunto, es que incluso, el no querer hacer algo, inconscientemente genera la necesidad de hacerlo. Cuando decidí dejar el café, el simple hecho de dejarlo, me generó un apego impresionante. No fue hasta que me permití soltar esta aprensión, declarar mi libertad que en realidad logré hacerlo.

Es justo eso, apego. Consiente o inconsciente, pero apego al fin. Pues estos hábitos, que muchas veces van contrarios a lo que quisiéramos, están motivados por una emoción buscando ser satisfecha. La cual aparentemente se llena con eso, pero la realidad es que no es así, pues lo que en realidad hay es una dependencia.

Por si fuera poco, nos da vergüenza. A tal grado, que no nos lo contamos ni a nosotros mismos. No hay cambio que se pueda hacer, si no se reconoce la necesidad de hacerlo.

Me estuve engañando por mucho tiempo, sobre que el café no me hacía mal. Cuando era todo lo contrario. Hoy ya, con muchos meses de haberlo dejado, puedo decir que me siento mucho mejor. Y aún así, sigo teniendo el antojo de tomarme un café, de vez en cuando. Ahí es donde esta mi practica espiritual, en darme la fuerza para hacer lo que es mejor para mi.

De hecho, no se si observaste, no hablo de bueno o malo. Al menos para mi, este tipo de conceptos, solo generan culpa, remordimientos, resentimientos, o una buena inflada de ego. Para mi, una aproximación más suave ha sido la de simplemente conocer las consecuencias, sin juzgar si son buenas o malas, pues lo que viene de esto, son apegos. Los cuales son en realidad lo más difícil de quitar.

Mucha gente me habla de que no podrían dejar de comer carne, antojitos, hacer ejercicio seguido, dejar el café, el cigarro, el alcohol, el azúcar, pero es por que nuestro ego nos ha convencido que las cosas tienen que ser de golpe, y que si no lo logramos fracasaremos en nuestra vida. ¡Uff! que terrible cantaleta, la realidad amorosa es muy diferente. Tanto si lo hacemos gradual, o de golpe, debemos ver lo positivo y no lo negativo. Si caemos, nos levantamos, continuamos hasta lograrlo, siendo compasivos y sobretodo muy cariñosos.

Estos apegos que se generan, no son más que un miedo que se cuela en nosotros. Lo que nos impide abrirnos a nuestro más alto bien-estar. La libertad es la base del amor, y este a su vez nos permite vivir una vida plena.

Cuando vivimos en todo esto, es cuando en verdad experimentamos felicidad.

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Escoger la luz en lugar de la oscuridad.

Escoger la luz en lugar de la oscuridad.

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Muchos días de mi vida, han tenido una extraña característica, una ansiedad de necesitar hacer cosas para sentirme seguro. Es como si estuviera yo bajo el escrutinio de un juez que va a decidir y determinar si estoy haciendo lo adecuado para merecer vivir o no. Así de claro y así de fuerte es como lo siento.

Esto por supuesto ha sido una cuestión que me ha traído bastante sufrimiento a mi vida. Pues al sentirme en amenaza todo el tiempo, hace que mi sistema nervioso esté en alerta todo el tiempo. Lo que lleva a sentirme tenso y después de cierto tiempo cansado, al estar al pendiente de lo “riesgoso” que podría pasar.

Ha sido gracias a haberme atrevido a explorar en mi interior, que he podido descubrir que es todo eso. Desde detalles sencillos, como nuestro impulso de lucha o huida, hasta entender que esta sensación viene de una total y completa desconexión con la vida.

Esa sensación de estar en amenaza, me venía por sobretodo en las cosas de sentirme muy vulnerable ante las cosas que pueden ocurrir en la vida. Es como si fuera un carnero rodeado de leones hambrientos, así es como me he sentido por mucho tiempo. Pero gracias a Dios, me he dado cuenta que es simplemente por que estoy escuchando mi sombra y no mi luz.

La realidad es que soy capaz, y aunque es correcto y acepto, que la vida no es mía, sino del universo. En la practica he rechazado esta situación, lo que me ha traído una enorme tensión al resistirme a experimentar las situaciones que me tocan vivir. Cuando me pongo en disposición para servir, el universo me muestra su apoyo y sobretodo me genera paz interior.

No conozco aún a nadie, cuyos retos personales sean mayores que su capacidad. Pero el miedo se apodera de nosotros, y nuestra humanidad nos hace sentir pequeños. Aunque en realidad, somos más que un cuerpo, lo cual únicamente descubrimos cuando incluimos a nuestro espíritu.

La espiritual es algo muy sencillo, es una cuestión de aceptar nuestro destino, pero sobretodo hacerle caso a la parte más elevada de nuestro ser. Nuestra luz, nuestro amor, y por encima de todo el recuerdo que nuestra fuerza espiritual.

Para ello requerimos, perdonarnos y perdonar. Reconectarnos con nuestra luz, y dejar de permitir que seas nuestras sombras las que dirijan nuestras vidas. Se trata de escoger la luz, por encima de la oscuridad.

Namaste.

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Algo que hacía y me ha afectado toda la vida.

Algo que hacía y me ha afectado toda la vida.

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Algo que hacía y me ha afectado toda la vida. 

La terapia que tome, me encantó, pues su  estructura me permitió no sólo entenderme, sino además organizar muy bien las cosas que me afectaban, las cuales me hacían sufrir mucho. Al estructurar las cosas, me ha permitido cobrar mucha consciencia de mis emociones y lo que están me afectan. Es como si hubiera logrado hacer un mapa, que me permite saber que terrenos piso y por que este me afecta.

Dicha estructura se basa en identificar las cosas que intentamos hacer en buscar de ser -para lo que necesitamos hacer algo para lograrlo-, estos son llamados promesas  o votos. En particular uno que me ha afectado enormemente, es el de ser importante.

La gran característica de una promesa o voto, es que sentimos que la necesidad de cumplirlos para poder ser feliz y/o merecer ser amados. Así que en un plano subconsciente hacemos todo lo que está a nuestro alcance para lograr cumplir ese voto o promesa. Lo que nos da una sensación de falsa seguridad.

Así que por mucho tiempo hice todo lo necesario para ser importante, pero siendo algo muy subjetivo, no necesariamente lo lograba o de plano de me satisfacía. Recuerdo que me encantaba sentirme superior de los demás, eso me daba esa sensación de que todo estaba bien para mi, aunque realmente no lo estuviera, pues  me sentía por otro lado muy temeroso de perder esa importancia, o incluso ser despojado de ella.

Por eso el ser importante como cualquier -otro voto o promesa-, puede llegar a ser tan doloroso. Incluso me di cuenta que muchas veces, aún a la fecha, hago cosas sin darme cuenta en busca de lograr justo eso, ser importante. En seguida siento como una parte de mi, se altera en la búsqueda de ese falso cumplimiento. Así es la mejor manera en la que me doy cuenta.

Como toda emoción, la lección era clara. En este caso era la de aprender a darme valor a mi mismo, sin necesidad de hacer o lograr cosas. Pues muchas veces sufrimos en la búsqueda de ese estatus que nos de seguridad, reconocimiento o en mi caso importancia. Pero al estar atrás una necesidad no satisfecha, la paz y tranquilidad, e incluso la satisfacción de la necesidad, jamás llegan, hiciera lo que hiciera.

Lo realmente importante no es serlo, sino ser feliz. Para eso hay dejar de localizarnos en lo que no controlamos y que esta en el exterior, para llevar nuestro foco a nuestro interior, donde si esta lo que nos puede hacer feliz, con el simple hecho de observar nuestras lecciones y enfocarse en lo que realmente importa.

Namaste.

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La búsqueda infructuosa.

La búsqueda infructuosa.

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La búsqueda infructuosa. 

Cuando empecé a compartir mis experiencias y pensamientos, fue gracias a las redes sociales, pues me representaban una enorme oportunidad, en teoría de compartir, pero la realidad es que había otra razón por la que realmente estaba haciéndolo. Pero aún habiéndolo detectado, debo reconocer que la solución no realmente lo que necesitaba en el fondo.

Una de mis más grandes lecciones espirituales (y creo que la de todos), es la de aprende amarme y aceptarme tal y cual soy. Este aprendizaje me llevó a querer buscar que los demás me aceptaran, lo que empecé a hacer, fue a ligar mi autoestima a con mi popularidad o falta de ella, en las redes sociales.

Sentía que era el momento de que todos me descubrieran y se enteraran de mi vida. Pero realmente, como sucede con cualquier necesidad no satisfecha, me estaba produciendo una enorme ansiedad, y sufrimiento. Aunque pudiera estar teniendo éxito, en el fondo ese hueco, no se podía llenar con eso, aunque creía que si.

Mi solución fue muy lógica, reprimirme de compartir las cosas. Y por un tiempo deje de tener actividad en las redes sociales. Es decir, me fui por completo al otro extremo. En vez de compartir, pase a desaparecer. Lo cual me termino llevando de nuevo a otro sufrimiento, reprimir mi necesidad de expresión y mis ganas de compartir.

Así es como me pude dar cuenta de algo, la cuestión no está en lo que haces o dejas de hacer, sino en la razón por la que lo haces.

Antes estaba buscando en las redes, la aceptación que no tenía en mi interior. Lo que hacía que mis acciones estuvieran llenas de expectativas, esperando recibir, algo que no sabía darme yo mismo.

En cambio hoy, que he vuelto a compartir, lo hago desde un espacio de amor. Estoy buscando servir y ayudar. No puedo negar que todavía hay una parte de mí, a la que se le infla el pecho cuando algo que comparto tiene un buen impacto, pero ya no es la razón principal, por la que hago las cosas. Esto me ha llevado a vivir en mucha más paz, y sobretodo satisfacción.

Voy dejando de hacer las cosas en busca de aceptación, a cambio de hacerlas por amor, renunciando a los resultados.

Sin duda, cuando hacemos las cosas buscando algo exterior, entramos en un ciclo de ansiedad e inquietud, la cual no se satisface con nada, pues siempre necesitas más y más. Pero si en realidad, te das desde el interior eso que buscas, la paz en automático se presenta. Aunque resulta muy importante descubrir de donde surge esa necesidad de buscar aceptación, en mi caso yo pensaba que nadie me quería, por distintos sucesos de mi infancia.

Así que realmente no hay que buscar, sino conciliarse con uno mismo.

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