Te sientas como te sientas, es perfecto.

Te sientas como te sientas, es perfecto.

Recientemente he pasado por unos días donde me he sentido ligeramente sin ánimos y disperso. La verdad es que automáticamente, mi ego aprovecha la oportunidad para decirme que todo se fue a la borda, que mi trabajo espiritual no sirve para nada. Pero en realidad, que yo me sienta, como me siento, incluso triste o molesto, es algo maravilloso.

De hecho, hace poco tuve un incidente con una persona. La situación me molesto mucho, pues me manifestó una abierta desconfianza hacia mi -uno de mis mas grandes miedos es no ser confiable-. Normalmente, hubiera reaccionado ignorándolo, pero esta vez, me moleste, se lo dije constructivamente, y no paso a mayores.

Quien sabe de donde, hemos aprendido, que el estado de nuestro animo debe ser perfecto -siempre feliz y con una sonrisa-, la realidad dista mucho de ello. No importa que tan avanzado estés en el camino espiritual, mientras seamos humanos, viviremos toda la gama de emociones.

Cada vez, que una “emoción” negativa aparece en mi ser, en seguida mi ego intenta desacreditarme, y hacerme ver lo alejado que estoy de lo que dice que es la felicidad. Pero es justo ahí, donde esta la verdadera oportunidad espiritual: amarme tal cual soy sin límites.

Al bloquear mis emociones, no solo me estoy juzgando, sino que además me estoy impidiendo aceptarme plenamente en el presente. La felicidad verdadera, en mi opinión, no esta en la sonrisa, sino en la aceptación absoluta de nuestro estado presente, sea cual sea. Esto se llama plenitud.

Cuando en realidad, me permito aceptarme, sea como sea, sin juzgar si esta bien o mal, incluso dejando a un lado la cuestión de si soy feliz o no, y simplemente me permito fluir a través de mis emociones, en realidad es cuando ocurre el milagro de la vida.

La magia ocurre cuando nos dejamos de juzgar y nos empezamos amar. Es el momento en el que el amor triunfa sobre el miedo.

Namasté

Lo único que te separa de tus sueños

Lo único que te separa de tus sueños

Sin duda, he puesto en los demás y las circunstancias, el mayor pretexto para no ir por mis sueños. Culpar a mi pareja, mi familia, mi trabajo o el país, es por mucho más fácil de aceptar, que en realidad reconocer la única razón por la que no he perseguido mis sueños.

Cuando hablo de estos sueños, no hablo de propiamente tener cosas, sino en realidad, de lograr el mayor anhelo de mi alma: vivir una vida plena y por ende, ser feliz.

En mi caso particular, ha sido el miedo, el mayor obstáculo para que esto ocurra. El temor a no poder, el pavor a correr el riesgo de averiguar, si mis anhelos mas profundos en realidad son de verdad o no. ¿Escucho a esa voz amorosa que pacientemente me dice que lo voy a lograr, o la voz impaciente que me dice que mejor renuncie por qué aún sufriendo, estoy mejor así?

Lo único que me separa de mis sueños, es en realidad, mi propio ser.

Ojo, eso no significa pasar por encima de los demás. Ya que en realidad, venimos a aprender en sociedad. Somos seres sociales, pero recordar que los demás son un espejo de nosotros mismos, es la clave. Lo que nos molesta de los demás, lo que culpamos por bloquearnos, no es más que un reflejo de nuestro propio ser.

Por eso nos molesta, por eso nos inquieta, no por que sean ellos los que nos detengan, sino por que somos nosotros mismos los que no nos atrevemos, y eso hace que nuestro poder se manifieste en los demás.

De hecho, quienes nos aman, tarde o temprano lo van a entender, en particular, si lo entendemos nosotros mismos primero. La compasión, el perdón, pero sobretodo, reconocer que la responsabilidad en realidad es nuestra, es en verdad lo que abre el camino para los milagros.

Es seguro ir por nuestros sueños, y cuando nos atrevemos, le hacemos un gran favor al mundo, le enseñamos a otros el camino para realizarse y ser feliz. Creo firmemente, que este sería un mundo mejor, si fuésemos capaces de dejar a un lado nuestros egos, y escucháramos nuestra divinidad.

Lo importante hoy, es algo muy simple pero importante, asumir mi poder personal, ese que me ha sido divinamente otorgado, el cual me permite una sola gran cosa: ser feliz.

Namasté.

Parece una locura, pero no lo es.

Parece una locura, pero no lo es.

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Desde que tengo memoria, son muchas las ideas que han venido a mi cabeza, las cuales por mucho tiempo consideré locuras. Pero resulta, que tiempo después aprendí, que todo eso que había estado recibiendo, no era más, que algo llamado intuición. La cual es la encargada de llevarme a la plenitud, pero que, por otro lado, hay que aprender a identificar cuando es y cuando no, para poder realmente ser feliz.

Hay que tomar en cuenta, que en el polo contrario a la intuición, está el ego. El cual tiene la función espiritual de darnos lecciones, pero también en el mundo terrenal nos busca proteger. De hecho, el ego suele boicotear a la intuición. Sino aprendes a discernir sobre él, será muy difícil poder entender si algo que llega es una locura o una gran idea.

La intuición es la capacidad que tenemos todos de recibir información divina, es decir es el lenguaje de nuestro espíritu. Cuando empezamos a escuchar a nuestra intuición nos empezamos alinear a nuestro propósito divino. Donde nos llega la más grande plenitud.

Se puede sentir escalofriante seguir nuestra intuición. No voy a negar que en muchas ocasiones ha sido para mí incomodo hacerlo, pues ha implicado salirme de mi zona de confort. Lo cual sería una locura, si no fuera porque cuando integramos a la divinidad de nuestras acciones, todo sale de manera maravillosa.

Hay muchos cambios sutiles y otros no tanto, que ocurren en el momento en el que seguimos nuestra intuición, pero todo en realidad valen la pena.

En definitiva, son muy pocas personas las que han desarrollado formas de escuchar su intuición, así como identificar a la voz del ego. Por eso es tan extraño el tema. Aunque en realidad es algo natural del ser humano. Es cuestión de práctica, de identificar lo que viene del amor, así como lo que viene del ego, el cual es simplemente miedo.

La intuición es la herramienta que Dios nos dio para tener una guía aquí en la tierra. Por eso es tan importante aprenderla a usar, y sobretodo darse el tiempo para poder recibir el mensaje con claridad. Hay personas cuya intuición se refleja en ideas, pensamientos, visiones, sentimientos, sonidos, luces. Todas y cada una de ellas son perfectas, ya depende de cada quien aprender a darle importancia a los mensajes que todos recibimos.

Confiar es la clave para que la intuición sea clara y efectiva. Hacerlo, es la mejor decisión que podemos hacer para vivir una vida en absoluta plenitud.

Namaste

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Para que pasan cosas “malas”.

Para que pasan cosas “malas”.

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La aceptación es una de los actos espirituales más profundos que uno puede hacer. Pero hay muchas cosas en esta vida, que realmente son difíciles de aceptar, o incluso de entender cómo es que Dios, siendo amor, las permite. Lograr entender este hecho, es algo que sin duda nos permite poder vivir en una verdadera comunión con la vida.

Para poder entender por qué pasan las cosas, hay que recordar porque estamos en esta vida: para aprender. Sin duda la mejor forma de hacerlo, es a través de la experiencia.

Es justo por eso, para generar una experiencia, el por qué pasan las cosas más dolorosas y tristes en este mundo. La mejor analogía es lo que pasa con los niños, puedes decirles que les puede pasar algo, incluso lo pueden hasta saber, pero no es hasta que les pasa en realidad, que lo entienden.

Cada persona, tiene un plan divino, una razón para estar aquí. Es justo esa razón la que determina qué tipo de experiencias les toca vivir. Al final, aunque parezca duro de creer, todo, no es más que una travesía para encontrar el amor más profundo que hay en todo.

También hay que recordar, que al alma, no le pasa nada. Por muy duras que las experiencias puedan ser, esta permanece intacta. Solo entendiendo, de una u otra forma la razón espiritual, por las que pasan las cosas, es cómo podemos aceptarlas.

Yo sufría por todas las “injusticias” que veía en el mundo. Las hacía mías, y me negaba a entender que Dios siendo todo bondad, permitiría que nos pasaran cosas. La realidad, es que Dios es amor, tan es así, que nos permite vivir las experiencias que necesitamos a nivel de nuestra alma. A esto se le conoce libre albedrío.

Pero si vemos con los ojos del cuerpo, las cosas se ven imposibles. Solo cuando entendemos las razones divinas, es como podemos entender que todo lo que pasa es perfecto. Aun cuando las cosas se ven exageradamente dramáticas, en el fondo todo pasa para bien a nivel espiritual.

Ahí es donde los que logran empezar a integrar su espiritualidad a su vida diaria, empiezan a vivir de una manera diferente, pues al aceptar tus experiencias, y aceptas tu aprendizaje, hace que puedas ser feliz, sea como sea.

El amor está en todas nuestras experiencias, solo necesitamos permitirnos sentirlo.

Namaste.

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¡Sin duda! Es difícil aceptarlo.

¡Sin duda! Es difícil aceptarlo.

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Una de las cosas que más le molesta a Karla, mi esposa, es que después de haber hecho algo inadecuadamente, me niegue infantilmente a aceptarlo. Y es que tal como lo comento al principio, no asumir la responsabilidad, es una reacción infantil. Con la consecuente afectación de que la responsabilidad, es la que nos lleva sin libramientos a la felicidad.

 

Lo que yo me cuestiono enormemente es: ¿Por qué no simplemente reconozco que me equivoqué?. Me cuesta encontrar la respuesta, creo principalmente porque me molesta decepcionarme de mi mismo, al ver que no soy lo perfecto que me encantaría ser. Me duele, incluso lagrimo mientras lo escribo.

 

En algún momento asocie en mi vida, que necesitaba ser perfecto para ser amado y aceptado. Así que esa sensación de riesgo de ser rechazado surge, cuando cometo alguna equivocación. Pero resulta, que el ser humano es tan complejo, que siempre, siempre se va equivocar. Es parte de su experiencia. Ahí está lo interesante, si sigo pretendiendo ser perfecto, sufriré enormemente.

 

Sumado a todo esto, aun cuando estoy consciente, me sigue costando aceptar mis errores. No solo por lo que mencionaba anteriormente, sino porque además me duele a mi orgullo aceptar sus consecuencias. Quizás porque aún hay un gran grado de inmadurez en mí, lo que me hace aún actuar como niño. Pero por favor, no se lo digas a nadie. 😉

 

Lo mejor de todo, es que hay otro camino, se llama la compasión. Es amarme sin condiciones, sin límites, y pase lo que pase.

 

Otra manera de verlo, es entregar mi necesidad de ser perfecto a lo divino. Ya que es mi miedo terrenal, el que me hace sentir que algo malo me va a pasar cuando la riego. En cambio sí permito que mi luz fluya, todo se transforma, lo que hace que mis tropiezos, se vuelvan en lecciones.

 

No es hasta que aprendemos a vernos con humor, que podemos desmitificar la tendencia a creer que es malo equivocarnos. Lo cual va a pasar, consciente o inconscientemente. Pero cuando aceptamos y ofrecemos sinceras disculpas, lo mejor pasa para el más alto bien de todas las personas.

 

Es importante entender que los demás nos pueden perdonar o no, pero si nos perdonamos a nosotros mismos, ya no cargaremos con ese remordimiento, y ayudaremos a los otros a que no carguen rencor, pues les será más fácil perdonar. Pero eso ya le toca a los demás. Lo importante es tener la intención de fluir en amor en nuestras relaciones, lo cual es todo un tema, punto y aparte, pero no quería dejar de mencionarlo.

 

Así que atrévete a aceptar tus errores, no solo se fluye mejor, sino que se vive mejor.

 

Namaste.

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Cambiar la preocupación, por oración.

Cambiar la preocupación, por oración.

AA leon Brown El día que dejes de preocuparte, será el primer día de tu nueva vida; la ansiedad te hace dar vueltas en circulo, confía en ti y libérate.jpg

La preocupación, como con cualquier ser humano, ha sido mi fiel compañera. En ocasiones justificadamente y en otras apareció sin que hubiera razón. La cuestión esta, en que a pesar que es una reacción normal, lo único que hace es ponernos en un estado que complica las cosas, y en nosotros esta la capacidad de cambiar esta tendencia.

Según la ley de la atracción, atraemos lo que vibramos. Si vibramos en temor, atraeremos situaciones respectivas. Hay que entender también, que no es tan directo, pues no somos 100 % preocupación ni 100% fe, somos una mezcla en la que andamos transitando. Pero sin duda a lo que más foco le pongamos es a lo que más vamos a materializar.

En mi experiencia personal, la preocupación -la cual viene del miedo- me bloquea enormemente, lo que me hace no reconocer las cosas, así que la situación me termina derribando, por supuesto, sin darme cuenta.

Para poder cambiar esto, primero hay que aprender a observarnos y darnos cuenta cuando se nos activa la preocupación, analizar si hay algo que podamos hacer ante la situación. Tratando de conectarnos con el amor, que no es más que la confianza de que todo pasa para bien y de que podemos sacar provecho de cualquier circunstancia que se nos presente.

La preocupación no es más que una solicitud al universo para el caos. Significa que estamos pidiendo vivir en sufrimiento, en lugar de armonía.

Por eso, cada vez que me detecto con algún tipo de preocupación, hago un plan de acción, para solucionar la situación, en el caso de que haya algo que hacer, o por el contrario, rezo, lo que me hace relajarme y le entrego la situación al universo, el cual siempre busca mi bien-estar.

Como he mencionado en otras publicaciones, estamos en esta vida para aprender. Por eso tenemos un ego que nos activa la preocupación, para que nos de enseñanzas a través de la experiencia. El universo nos permite tener las experiencias que necesitamos, pero siempre procura nuestro bien. Es cuestión de permitírselo.

La fe es una especie de músculo que hay que ir ejercitando. No se puede ser extremadamente confiando, de la noche a la mañana, si toda la vida has sido una persona desconfiada. Como cualquier músculo tiene un tiempo y un proceso, se trata de ponerse en el camino. Esto se llama estado vibratorio, el cual va cambiando hacia donde estén nuestras emociones de paz o de angustia.

Lo más importante es reconocer, que la preocupación es una señal de que las cosas se pueden complicar, pero también es un llamado a convertirla para nuestro más alto bien.

Namaste.16.09.01 AA Pensamientos poderosos.jpg

Algo a considerar con respecto a la Salud.

Algo a considerar con respecto a la Salud.

Louise Hay poder de sanarte y es algo que debes saber.jpg

A lo largo de mi vida, he vivido distintas afectaciones a mi salud, las cuales junto con lo que he ido aprendiendo en el camino, me han permitido entender algunos de los principales factores que nos afectan nuestro estado de salud.

Debo decir que sanamos a través de las enfermedades. De hecho no hay nada de malo en ellas, es un camino de experimentar las experiencias que nos tocan. Incluso mientras más mal veamos el tema de enfermarse más propicios somos a enfermarnos. Cada enfermedad es una señal de algo que nos toca aprender, o algo que nos está afectando.

Mi más grande síntoma, por mucho tiempo fue la garganta. Iba al doctor, me daba medicinas, sanaba, para que posteriormente volviera a caer. No fue hasta que me atreví a explorar el origen emocional, que producía la afectación a mi garganta, que realmente logre sanarme a mi mismo. Lo que descubrí fue que era incapaz de expresar mi enojo, lo que hacía que hubiera una energía que se atoraba en mi garganta, el centro de expresión.

En el momento que lo reconocí, empecé junto con pegado a aceptar el reto de expresar mis opiniones y sentimientos más asertivamente, fue entonces cuando las molestias de la garganta se fueron, espero yo, para siempre.

Puedo presumir, que desde que encontré la manera de escuchar los mensajes que me envía mi cuerpo, mi salud se ha mantenido prácticamente en perfecto estado. Aun cuando han habido momentos en los que empiezo a sentir síntomas, o incluso sufro pequeños accidentes, ahí me doy el tiempo para meditar, calmar mi mente y ponerme en disposición de escuchar el mensaje que dichos síntomas me envían.

El cuerpo es un gran guía espiritual. Al permitirme escucharlo, voy encontrando dónde está lo que tengo que trabajar en el momento para mantener mi estado de salud. Muchas veces estos retos espirituales se tornan interesantes, pero la salud es la mejor brújula de que vamos por buen camino.

Louise Hay, es quizás la que mejor da una base al respecto, en su libro, tú puedes sanar tu vida. Ahí podemos reconocer como somos responsables de nuestra propia salud, es algo que depende de nosotros, y está en nuestro poder personal elegir como queremos vivir las experiencias que nos tocan.

La salud es uno de los grandes retos espirituales, pero creo que es quizás el que más lo valga.

Namasté.

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